Opinión

Impuestos contra la recuperación

Opinión-Triper

José María Triper
Periodista económico.


“Rebajas fiscales que son el estímulo que necesitan las empresas para invertir y crear empleo y los ciudadanos para consumir”

En la economía, como en todas las ciencias humanas, las musas de las previsiones terminan bajando al teatro de los hechos. Y estos han venido con toda su crudeza de la mano del Instituto Nacional de Estadística (INE) confirmando una caída del PIB del 5,2 por ciento en el primer trimestre. La mayor de la serie histórica y duplicando el retroceso del 2,6 por ciento sufrido entre enero y marzo de 2009 que hasta ahora ostentaba tan adverso récord. Y eso que, de los tres meses reseñados, sólo los últimos quince días de marzo se vieron afectados por el cierre de actividad derivado del confinamiento, lo que aventura un segundo trimestre catastrófico.

Desplome económico que agrava aún más el Banco de España al estimar que la economía se contraerá entre un 9 y un 15 por ciento en 2020, mientras que el déficit público se dispararía a una horquilla de entre el 9,5 y el 11,2 por ciento mientras que la deuda pública rondaría entre el 115 y el 120 por ciento y la tasa de paro podría alcanzar el 24,7 por ciento en 2021, unos niveles inéditos desde 2014.

Datos que son la cara de una recesión que tiene uno de sus síntomas más preocupantes en el hundimiento del consumo que cayó un 6,6 por ciento, y que se añade a otros indicadores como la caída del 80 por ciento del crédito al consumo en el mes de abril o el batacazo de las ventas del comercio minorista que cayeron un 70 por ciento en junio, ya en plena desescalada. Signos evidentes de una crisis económica que se explican en parte al comprobar cómo hasta 200.000 empleados afectados por los ERTE no han cobrado aún el subsidio, que 52.000 empresas anuncian o han hecho ya despidos y que sólo la mitad de todo nuestro tejido empresarial han mantenido a todos sus trabajadores.

Y a esta grave recesión la coalición de Gobierno socialpopulista pretende responder con las trasnochadas recetas del zapaterismo consistentes en mayor gasto público, más endeudamiento y subidas de impuestos a una sociedad que sufre ya una presión fiscal desmesurada especialmente en las clases medias que son quienes dinamizan las economías en la sociedades de mercado.

Recetas que ya fracasaron en 2009 y que derivaron en la congelación de las pensiones, la bajada de sueldos a los funcionarios y el rescate bancario, además de un empobrecimiento general, y que van en contra de lo que están haciendo nuestros socios europeos como Alemania, que ha anunciado ya una rebaja del IVA del 19 al 16 por ciento, Francia, Reino Unido o Italia donde el gobierno de Giuseppe Conte ha aprobado una rebaja de impuestos a trabajadores y empresas que afecta a 16 millones de personas, que forma parte de un plan mayor que incluye ayudas a las familias que pasen sus vacaciones dentro del país para impulsar el turismo y reduce la fiscalidad sobre las rentas por un importe de 7.000 millones de euros.

Rebajas fiscales que son el estímulo que necesitan las empresas para invertir y crear empleo y los ciudadanos para consumir, en contraposición al hundimiento de las ventas, la fuga de inversiones y la destrucción de empleo en que se suele traducir la obsesión por una presión fiscal esquilmatoria.

Sólo nos queda la esperanza de que desde Europa enmienden la plana y la condicionalidad que necesariamente va a acompañar a los dineros del fondo europeo de reconstrucción obligue al Ejecutivo sanchista a acometer las profundas reformas que España necesita. De momento ya les han advertido que la reforma laboral no se toca, al menos en sus aspectos esenciales; que deberán endurecer las condiciones de acceso a la jubilación y a reducir el gasto público, lo que debería traducirse no en recorte de servicios y en el estado de bienestar, sino en el drástico adelgazamiento de una Administración elefantiásica, empezando por ese gobierno de 23 ministerios, el mayor de Europa y el doble de los que tenía el Ejecutivo de Rajoy, mientras las colas del hambre se multiplican por la geografía española reproduciendo las dramáticas imágenes de los primeros años del franquismo.

Un gobierno que aprovecha el Estado de Alarma para nombrar a dedo otros 23 cargos públicos y 26 directores generales eximidos de ser funcionarios, frente a los 12 de Rajoy y los 14 de Rodríguez Zapatero, y que ha multiplicado el gasto en asesores, un 46 por ciento más que su antecesor. Eso sería lo cabal, lo necesario y lo sensato, y lo demás, incluyendo el atraco fiscal, sólo navegar contra corriente y poner palos en la ruedas de la recuperación.

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