“En el acuerdo con Mercosur no hay marcha atrás” - Moneda Única
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“En el acuerdo con Mercosur no hay marcha atrás”

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Entrevista a Josep Puxeu Rocamora, Director general de Anfabra, para Moneda Única.

Con la tranquilidad que aporta la sabiduría de quien lleva años sembrando con ideas un sector que representa más del 9% del PIB nacional y cuyas exportaciones crecieron en plena crisis del COVID a un ritmo del 5%, hasta representar el 18% del total. Así se presenta, Josep Puxeu, director general de la Asociación de Bebidas Refrescantes (Anfabra) y representante de la Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB) en el Comité Económico y Social Europeo (CESE), del que forma parte de su comité directivo desde el pasado octubre. Puxeu, se muestra convencido que este año será el año de la firma de acuerdos como el de Mercosur, que abren a España un mercado de 800 millones de consumidores y que “es una prioridad” para las empresas españolas que “antes o después, según los sectores, saldrán ganando”.

¿Cómo ha afectado la crisis económica provocada por la pandemia del Covid-19 al sector, teniendo en cuenta, además que gran parte de la actividad depende de la hostelería y el turismo?; ¿A qué retos se enfrenta el sector este 2021?

La crisis ha demostrado que, tal y como venimos explicando desde hace años, el sector de la alimentación y bebidas es un sector estratégico. Ha quedado clarísimo que el sector agroalimentario en toda su extensión (producción, industria, logística y distribución) ha sido capaz de dar respuesta en condiciones imposibles. En términos absolutos a cierre de 2020 habremos caído poco en ventas y facturación. Dicho esto, es cierto que se ha producido una dualidad entre la línea de gran consumo y la de hostelería y restauración. La primera ha funcionado muy bien por el confinamiento, incluso algunos productos han obtenido mejores cifras que en años anteriores. Sin embargo, los cierres y limitaciones -que todavía continúan en mayor o menor medida- y la extraordinaria caída del turismo han afectado sobremanera al segundo. También hay que decir que, en el caso concreto de las bebidas refrescantes, un segmento no termina de compensar al otro.

Dada la situación agónica de muchos establecimientos, ¿será la crisis un punto de inflexión para el sector de la hostelería?

Nuestra gran pelea es que el sector no se caiga definitivamente. Estamos de acuerdo en que hay que transformar el modelo actual, que tenemos que reinventarnos, pero no se trata de sustituir una pieza por otra. El sector de la hostelería y la restauración es muy singular en España y tiene un peso decisivo en nuestra economía. Nos preocupa mucho que la crisis acabe con el cierre definitivo de muchos negocios y por eso, desde el primer momento el sector agroalimentario y el de la alimentación y bebidas fuimos de la mano. Mimamos al cliente y pusimos en marcha medidas de apoyo al sector. A partir de ahí, vamos a hacer lo imposible para que no perdamos nuestros hábitos de vida mediterráneos en alimentación y consumo y el sector siga siendo seña de identidad.

¿Qué previsiones manejan tras la tercera ola y la imposición de nuevas limitaciones a la actividad? ¿Son optimistas con respecto a Semana Santa?

Aunque muy condicionado por los efectos de la pandemia esperamos un primer semestre mejor que el primer semestre de 2020. Hay que tener en cuenta que nuestro sector está más vinculado al clima que a otros factores. Si para Semana Santa se abren terrazas con niveles de ocupación responsables y acompaña el buen tiempo se empezará a notar en los resultados. No obstante, la recuperación completa del sector está también muy ligada a la vacunación, que es la clave para que realmente afrontemos un verano de normalidad.

De cara a esa recuperación, ¿qué piden al Ejecutivo? ¿Cómo valoran el anuncio del Gobierno sobre la aprobación de medidas de apoyo a la liquidez a los sectores más dañados por el COVID?

Once meses después del inicio de la crisis pedimos dos cosas, por un lado que avance la vacunación de forma definitiva, y por otro, medidas de liquidez para que las empresas y, sobre todo, las pymes, empresas familiares y autónomos puedan continuar con su actividad. El sector quiere volver a levantar los cierres. Además de que, a efectos laborales es imprescindible que se mantenga la vigencia de los ERTE, hemos trasladado a todas la Administraciones Públicas la necesidad de inyectar más liquidez al sector. ¿Cómo? Refinanciando los créditos ICO y abriendo más líneas de financiación para bares y restaurantes. Afortunadamente, las últimas medidas anunciadas van en esa dirección. Lo anterior acompañado de medidas de incentivo, que son justo lo contrario a lo que acaban de hacer con el IVA de las bebidas refrescantes o a los rumores de una posible subida de tipos de IVA para toda la hostelería y la restauración. Esto último sería un disparate.

¿Se refiere a rebajar la presión fiscal vía exenciones?

Las exenciones fiscales, las moratorias, la rebaja en las tasas e impuestos locales y las ayudas directas son absolutamente necesarias. Se ha demostrado en otros países como Alemania o Francia que han apostado por rebajas de impuestos como una herramienta más para inyectar liquidez al sector.

Según las previsiones del Gobierno los Fondos Europeos empezarán a llegar a partir del segundo semestre del año, ¿qué expectativas tiene el sector?; ¿estará entre los prioritarios?

Hemos demostrado que somos un sector estratégico. Estamos generando más demanda y más expectativa de la prevista inicialmente para el sector agrario y agroalimentario y vamos a estar atentos para captar más fondos e incluso remanentes que otros sectores no vayan a dar salida. A partir de aquí, hemos de tener en cuenta que el sector está muy atomizado, con un gran número de pequeñas y medianas empresas. Es por ello por lo que desde FIAB hemos presentado una serie de proyectos tractores para que, a partir del acceso de las grandes compañías a los fondos, muchos de estos negocios puedan sumarse. En este ámbito estamos trabajando en colaboración con los Ministerios de Industria, Agricultura y Transición Ecológica. Por otra parte, tenemos que aprovechar los fondos para impulsar los cambios en los esquemas productivos del sector basándolos en las energías limpias, la digitalización y las posibilidades tecnológicas. Hay mucho futuro.

¿Qué alcance tiene su nombramiento como miembro del Comité de Dirección del Comité Económico y Social Europeo?; ¿cuáles son las líneas maestras que defiende en Bruselas para el impulso, crecimiento y reactivación del sector de la alimentación y bebidas?

Nuestro papel es de interlocución y asesoramiento. Somos un órgano de consulta obligada. Nuestros informes y dictámenes no son vinculantes pero sí son escuchados. Y ahí está nuestra responsabilidad. Actualmente, estamos en un periodo convulso donde necesariamente tanto la situación en la frontera con Bielorrusia como la implementación del Brexit, están sobre la mesa. Además, África y América Latina han de ser una prioridad. Por otra parte, vamos a reforzar la vía del multilateralismo que quedó muy tocado con la Administración Trump.

Al hilo de esta última respuesta, ¿esperan que Joe Biden revierta la política arancelaria de su antecesor, Donald Trump? Es decir, ¿suprimirá las sanciones impuestas a productos como el queso, el aceite o la aceituna?

La gran diferencia entre la administración Trump y la administración Biden es el diálogo. Pero no olvidemos que las administraciones demócratas tradicionalmente han sido más proteccionistas que las republicanas. Ahora bien, si esto lo llevamos al terreno del multilateralismo, es cierto que se facilitan algo las cosas. Hemos pasado de una relación hostil a una relación friendly, pero deberíamos no ser ingenuos.

Sin embargo, sí esperan cambios en la vía del multilateralismo…

Aunque tras la llegada de Joe Biden a la Casa Blanca las cosas no van a cambiar de la noche a la mañana, se viene demostrando un cambio notable. La reincorporación de un partner como Estados Unidos a los Acuerdos del Clima de París es una magnífica noticia, ya que una vez superemos la pandemia, el ogro de la crisis climática va a ser devastador y el coste para las economías occidentales, de no atender los retos fijados en la Cumbre de París, será demoledor. También es decisiva su reincorporación a la OMS y el impulso a la Organización Mundial de Comercio. Por tanto, desde el CESE nuestra prioridad será recomponer el diálogo e impulsar el trabajo de todos estos organismos multilaterales.

Sobre esa idea, ¿qué línea se va a seguir en el sector agroalimentario y ambiental?

Vamos a desarrollar las estrategias que la Comisión Europea había impulsado antes del Covid. Me refiero al Green Deal, que incorpora iniciativas como ‘de la granja a la mesa’ o el impulso de la biodiversidad. Estrategias muy potentes en las que si Europa trabaja de forma conjunta y bajo unos mismos intereses serán de éxito; pero si lo hacemos de forma desorganizada o bilateralmente será un hándicap para la competitividad de los sectores europeos.

Se refiere a trabajar de la mano, sin embargo una de las barreras más importantes se encuentra en la propia regulación europea.

Europa tiene que actuar en bloque y conseguir que los otros partners jueguen con las mismas reglas que nosotros. No podemos imponernos unas reglas durísimas a nosotros mismos y dejar nuestro mercado abierto y que otros vengan sin condicionantes. La regulación tiene que ser explicada, entendida por los consumidores y aplicada a terceros. En definitiva, no nos podemos dotar de normas y exigencias que nos dejen fuera del espacio de competitividad pero tampoco podemos tolerar que otros partners hagan disparates con políticas de biodiversidad o políticas sociales (por ejemplo, las relativas a la deforestación y empleo infantil). Hay que establecer una serie de reglas de responsabilidad que deben pasar por el cumplimiento de los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible). Si no, no habrá futuro. Y esto no es una injerencia en la política de otros países, como se ha llegado a decir, sino un reto global que nosotros como europeos debemos exigir, entre otras cuestiones porque somos el primer exportador y el primer importador en términos absolutos de productos agroalimentarios y por ello podemos reclamar qué tipo de productos queremos que nos envíen. Dicho esto, es necesaria una reciprocidad y tenemos que trabajar para que nuestras normas, las europeas, hagan pedagogía.

En declaraciones tras su nombramiento, insistió en la importancia de la internacionalización de la industria de la alimentación y bebidas, ¿será la internacionalización y la capacidad exportadora de las empresas españolas del sector el salvavidas tras la pandemia?

La internacionalización es básica para el sector, gracias a ella podemos invertir en I+D. Tras el COVID se ha hecho mucho más difícil viajar, asistir a ferias… Pero hemos mantenido la industria y los canales abiertos, la logística ha funcionado. Hemos continuado trabajando y, además, bastante bien. Por tanto, el volumen de negocio va a ser parecido y las cifras de exportación van a seguir siendo positivas. Por ello, debemos seguir apostando por el mercado exterior, no sólo por el local (europeo) sino también manteniendo nuestra posición como país tercero con Reino Unido -que sigue siendo un gran mercado para nosotros- y la apertura de nuevas posibilidades con todas las regiones, como América Latina. En este sentido, tenemos los ojos puestos en la modernización del acuerdo con Chile, México y el cierre de Mercosur.

¿Ve viable que, por fin, se cierre el acuerdo de Mercosur?

Estoy convencido, no hay marcha atrás. Es más, la presidencia portuguesa ha confirmado que está dispuesta a impulsar el acuerdo y me consta que la decisión se va a tomar en estos meses y que hay presiones para que el acuerdo sea global.

Si hay presión, es que todavía queda algún punto de fricción.

La discusión actual es si el acuerdo -que está cerrado- avanza sólo como acuerdo comercial o como acuerdo asociación, que sería lo deseable por su amplitud. Pero para ello se necesita unanimidad y esto dificulta esta vía. De hecho, Austria, Países Bajos y Francia, en sede parlamentaria, y Alemania de forma no oficiosa, se han mostrado en contra. La vía comercial, por el contrario, está siendo empujada por Dombrovskis. Otro aspecto a tener en cuenta es la oposición de la sociedad civil, algo que se debe a la mínima pedagogía que se ha hecho a la hora de informar del acuerdo.

Además de la crisis sanitaria, otro de los grandes retos de este 2021 es la salida de Reino Unido de la Unión Europea.

Empleando las palabras de Michel Barnier, “no me feliciten, es un divorcio”. El acuerdo es bueno en términos de redacción y facilita que los sectores más complicados, como el de la pesca, tengan un periodo de transición de 5,5 años para tomar posiciones, lo que por el momento nos deja cubiertos, pero no olvidemos que después habrá que renegociar. A nivel práctico no debería notarse en la mayor parte de productos que exportamos, pero insisto, sigue siendo un divorcio. Incluso dentro del propio gobierno de Reino Unido hay distintas sensibilidades. Miremos además a Escocia y Gales que están llamando a la puerta para un referéndum que les permita volver a la Unión Europea; o la situación de la frontera europea con Irlanda del Norte, que puede ser un foco de conflicto permanente…

Es cierto que el acuerdo prevé que en caso de distorsiones de mercado se puedan activar una serie de salvaguardas pero el control por esa frontera de muchos productos va a ser prácticamente imposible. Nadie va a implementar cláusulas de salvaguarda en un periodo transitorio y si Reino Unido desvía los flujos comerciales que tiene con la Unión Europea a otras procedencias, se van generar problemas de forma inmediata. Por otra parte, el Gobierno británico estaba convencido de formalizar un acuerdo muy potente con la administración Trump y su sucesor, Joe Biden, ya ha dicho que no está para plantearse acuerdos con nadie. Algunos piensan en recuperar la vieja Commonwealth, pero Nueva Zelanda y Australia están pensando más en mercados emergentes, como Asia Pacífico, que en mercados maduros como el de la Unión Europea y Reino Unido. Hay muchos frentes y demasiada especulación. Y aunque como empresas tenemos que posicionarnos allí y mantener el flujo exportador actual, tenemos que abrir otras vías.

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