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COVID-19 o la humanización del dato

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Si no fuera tan obvio, si no estuviera tan manido el concepto, se diría que la COVID-19 ha marcado un antes y un después en muchísimos sentidos: tantos, que no hemos podido siquiera comenzar a analizar todo lo que ha provocado a escala global.

Un virus para el que no existe vacuna ni tratamiento, que se propaga de forma tan rápida como difícilmente evitable, según nuestros hábitos sociales, y que, en cuestión de unos meses, ha dado la vuelta a nuestros comportamientos profesionales, personales y de consumo. Un virus que, valga la expresión, pilló desprevenido al mundo y para cuyas consecuencias devastadoras nadie estaba preparado del todo.

Sin embargo, la lucha contra el virus ha contado con una aliada que ha resultado decisiva para paliar los efectos de la pandemia. El Big Data, o más específicamente, la analítica de datos, ha resultado una de las herramientas más útiles y que mejores resultados ha dado en sus diferentes aplicaciones.

Países como China o Corea del Sur usaron técnicas de análisis de datos con el fin de evitar la propagación del virus. En Occidente, donde el virus llegó poco más tarde, también se han implementado estas técnicas con resultados favorables. Los últimos cinco años el concepto de Big Data ha invadido el día a día de una sociedad que produce un volumen inmenso, infinito de datos, tanto estructurados como sin estructurar. Tanto, que forma parte del discurso diario en medios de comunicación, redes sociales y conversaciones particulares. Big Data no era ya noticia al estar en boca de todo el mundo.

El COVID-19 ha servido para humanizar el análisis de datos

No obstante, la pandemia de la COVID-19 ha demostrado que es posible utilizar Big Data para fines sociales y humanos y no solo para obtener ideas que conduzcan a mejores decisiones y movimientos de negocios estratégicos.

Big Data, a partir de ahora, no es solo una herramienta de negocio. Gracias a esta terrible pandemia sabemos ya que el Big Data puede ayudar a controlar la expansión del virus, y por tanto, indirectamente, puede salvar vidas.

Frente a las teorías conspiranoicas o los conflictos sobre vigilancia e intimidad (aún presentes, puesto que la sociedad se encuentra en pleno debate sobre la ética de la utilización del dato), se alza la idea de que, en primer lugar, y por encima de todo, se encuentran las vidas humanas, y que mientras las tecnología esté al servicio de esa causa, su aplicación está más que justificada, aunque China no se ha librado de la polémica por el control de la libertad de movimientos de sus ciudadanos. El Big Data hay que entenderlo dentro del marco de su uso responsable, ético y coherente: es parte ya de nuestra vida cotidiana. En la lucha contra la expansión del virus, su papel ha sido decisivo, ya que se trataba de poder tomar decisiones en un contexto de crisis, para lo cual recopilar y analizar datos en tiempo real suponía entre salvar o perder miles de vidas.

China utilizó analítica de datos para identificar infectados en tiempo real

Precisamente, tanto en China como en Corea del Sur se hizo este trabajo de recopilación y análisis de datos masivo, para tratar de frenar la expansión del virus. Se trataba, lógicamente, de localizar personas afectadas o potenciales focos de infección. Como ya es de conocimiento público, las operadoras telefónicas tienen información precisa sobre los movimientos de cada usuario de telefonía móvil, ya que cada terminal está geolocalizado.

Además, es posible también saber en compañía de quién está cada usuario. Se trata únicamente de cruzar los datos con los de las personas cuyo test dio positivo por COVID-19. De esta forma, se logra rastrear la pista del virus y alertar a esa gente que estuvo expuesta al mismo.

De igual manera, así también es posible saber qué zonas geográficas están más expuestas al virus. Con esta información, las autoridades e instituciones pueden efectuar potenciales diagnósticos, decretar el aislamiento y prevenir las infecciones masivas. Las redes sirvieron como primera voz de alarma a finales de 2019, cuando multitud de perfiles sociales en las redes, situados en la zona de Wuhan, publicaban a diario algunos de sus síntomas. De ahí se pudo deducir que algo pasaba en ese lugar concreto de China, y algunos expertos así lo advirtieron. Lo malo fue que la anticipación con la que se detectó no fue suficiente, puesto que hasta enero la OMS no emitió esa alarma. Se sabe también que en Corea del Sur, se tuvo conocimiento de una gran cantidad de personas infectadas gracias a un diagnóstico temprano masivo, logrado a través de una conjunción de aplicaciones, analítica y Big Data, entre otras tecnologías.

La analítica de datos ofrece soluciones pero, para que esas soluciones sean efectivas, la información debe cumplir ciertos criterios: debe ser precisa, normalizada, compatible con otra información, orientada al usuario, oportuna, relevante (que se dirija a las personas adecuadas), accesible y comprensible (fácil de usar). Gracias a las técnicas de Big Data y analítica, es posible descubrir patrones y correlaciones. De hecho, los datos analizados servirán como evidencia científica a la hora de identificar una terapia potencialmente efectiva para la COVID-19.

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