Opinión

“Á touts les gloires de la France” 100 años de derrotas militares de 1862 a 1962

Jesús-Centenera-(Ageron)

Jesús Centenera
Ageron Internacional.


Creo que la guerra es el mayor error humano de tipo colectivo. A veces es inevitable, pero muchas veces se llega por incompetencia, por maldad o por ambas a la vez. No obstante, me gusta visitar museos militares. En mi último viaje de trabajo a la feria SIA de París, estaba sentado tomando una cerveza en un bistro delante de “Hôtel National des Invalides” que tantas veces visité en el pasado. En los Inválidos está la tumba de Napoleón, el mismo elemento cuyas guerras causaron más muertes en Europa hasta las guerras mundiales, que todas las anteriores juntas. Pero, allí descansa el pequeño gran corso, riéndose del mundo con toda su arrogancia, mientras otros dictadores menores son exhumados. Al difunto le rodean multitud de objetos de su Imperio (¡Ah, no sólo un genio militar, sino también un maestro de la propaganda y el autobombo!) y de la sucesiva heroica y brillante historia militar francesa.

El edificio es sede también del museo del ejército, y “Panthéon des gloires militaires” que me recuerda al versallesco: “À touts les gloires de la France” ¡Tela marinera! Pero vamos a ver, “mes amis” ¿De qué “carayo” hablan ustedes, si desde Napoleón no han levantado cabeza (Otro día hablamos de “Les Victoires” de Napoleón inscritas en el arco del Triunfo de París, pero, ¿Bailén? ¿En serio, Boni?). Bueno sí, la expansión africana. Y la guerra de Crimea de la mano de británicos y turcos, pero sin la épica de una carga de la caballería ligera. Pero ¡Ya! ¿Saben ustedes porque se celebra en México el 5 de mayo? Por la batalla de Puebla, en 1862, donde los mexicanos les dieron una soberana paliza a los franceses. Claro que se pueden dar muchas razones, que si la logística, que si la distancia, que si la falta de apoyo local o que si, como dicen en México, “la mano del muerto”, pero derrotita para ir abriendo boca, “huey”.

Mucho más grave, y de consecuencias internas (“bouleversement” me atrevería a decir) el fin del Segundo Imperio: Sedán, derrota ignominiosa de los “enfants de la Patrie”, que además conllevó la dolorosa pérdida de Alsacia y Lorena.

En la expansión africana, mucha “Legion etranger”, pero penoso incidente y resultado en Fachoda en 1898 ante los británicos, que puso a cada uno de los voraces imperialistas en su sitio.

Una generación después, el caos de 1914-1915 en “la guerre qui amenerá touts les guerres”. Vamos que por los pelos, y los taxis. Y luego, una gestión insensata y sangrienta de la guerra, hasta la llegada de los norteamericanos para salvar el día, que ayudó a precipitar el colapso alemán. Eso sí, los primeros en la mesa de los vencedores en Versalles, sembrando las semillitas que, abonadas por la “mèrde” de Monsieur Hitler, ayudaron a propiciar el ascenso de éste en una Alemania resentida.

Y eso nos lleva a mayo y junio de 1940, una de las mayor derrotas militares de la historia, si tenemos en cuenta el enorme ejército desplegado por Francia y la rapidez de su desplome. Lo peor con todo, fue la penosa vergonzosa rendición de Francia, versus el espíritu británico reflejado por Churchill en su discurso del “We shall go on to the end. We shall fight in France, we shall fight on the seas and oceans, we shall fight with growing confidence and growing strength in the air, we shall defend our island, whatever the cost may be. We shall fight on the beaches, we shall fight on the landing grounds, we shall fight in the fields and in the streets, we shall fight in the hills; we shall never surrender, and if, which I do not for a moment believe, this island or a large part of it were subjugated and starving, then our Empire beyond the seas, armed and guarded by the British Fleet, would carry on the struggle”. Ni un amago de replegarse el gobierno francés con la flota a África del norte y seguir con la guerra desde el Imperio y desde dentro con guerra guerrillas total, como hicieron los rusos, o, mejor, los yugoslavos. Cuatro años de ocupación y una vergonzosa colaboración, hasta la llegada de los norteamericanos y los anglo-canadienses, que mandaron de nuevo “The boys” para, salvar el día. Recomiendo la visita de los cementerios de Normandía y alrededores, sobre todo a los franceses sin memoria.

¡Ah, pero los tipos son brillantes! ¿Qué mejor que un “exorcismo” con la épica de “La Resistance” (valientes, pero cuatro gatos, de verdad) y con “L’appel de 18 juin” (que no debió oír ni su padre), por cierto, por un general de Brigada ¿Dónde estaban los miembros del gobierno y de la Asamblea Nacional, dónde todo el alto mando militar? Y la purificación final con la quema del “hereje” Petain, pararrayos de todas las vergüenzas nacionales.

Y, a partir de ahí, sin levantar cabeza. Vamos a 1954 con la derrota de Henri Navarre, en Dien Bien Phu y la pérdida de Indochina. (Aunque ya se sabe que los vietnamitas, como los afganos, se resisten a todos los imperios, ¡Unos héroes!).

Pasemos a 1956 y la salida vergonzosa de Suez, que demostró que los días de supremacía de los imperios británico y francés eran cosas del pasado (Inciso, ¿Hasta cuándo habrá un Consejo de Seguridad de la ONU con cinco países de primera con derecho a veto? Para mí este anacronismo sigue siendo un misterio). Y llegamos a 1962 y el abandono de “L’Argelie française” en una guerra que no podían ganar, aunque tampoco necesariamente perder (consideraciones morales aparte). Sobre todo, por el “volte-face” del amigo Charles. Lo dicho, de Brigada.

Quitando algunas intervenciones en África, más policiales que militares, no sería hasta la primera guerra del Golfo en 1991, en que el ejército francés pudiera aportar más cosas al museo y “À touts les gloires de la France”. Igual que el título de aquella deliciosa miniserie de la aristócrata francesa en la Rusia de los zares, Francia ha podido ser “La lumière des justes”, la cuna de la democracia burguesa y de “Les Droits de l’homme”, o incluso la canonjía de honor de San Giovanni Latteranno, pero, “glorias militares”, lo que se dice “glorias militares”, últimamente, las justas. En fin, que marchando otra “Bière pression, garçon” y menos gritos, milagritos, o pregúntenle a Mr. Carl Aderhold. Con cariño, desde mi eterna francofilia, “mes chères amis”.

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