China está logrando contener las perturbaciones derivadas de las tensiones en Oriente Medio y mantener estable su suministro energético, pese a que el encarecimiento de la energía y de los insumos industriales empieza a trasladarse a su economía. Según el análisis de Coface, el país conserva una posición más sólida que otros competidores asiáticos para afrontar un escenario prolongado de volatilidad energética, aunque esta resistencia convive con un deterioro progresivo de los márgenes empresariales.
Un mix energético que actúa como escudo
A diferencia de otras economías asiáticas fuertemente dependientes de las importaciones de hidrocarburos, China cuenta con varios factores que amortiguan el impacto de una crisis prolongada en la región. Su mix energético, dominado por el carbón doméstico, reduce la exposición inmediata a los precios internacionales del petróleo y el gas, que representan solo el 39% del consumo final de energía, muy por debajo de la media global del 62%.
Además, el país dispone de amplias reservas estratégicas, capaces de cubrir cerca de 100 días de importaciones netas de crudo en caso de interrupciones temporales. Aunque el estrecho de Ormuz sigue siendo un punto crítico —por él transita el 35% del petróleo que llega a China—, el riesgo de escasez física inmediata continúa siendo limitado.
Primer repunte de los precios de producción en tres años
El flujo energético no se ha detenido, pero sí se ha encarecido. El aumento de los precios de la energía y de los productos químicos está empezando a trasladarse al conjunto de la economía. En marzo, los precios de producción crecieron un 0,5% interanual, el primer incremento en más de tres años, impulsado en gran medida por el sector petroquímico.
Por ahora, el impacto en el consumidor final es moderado gracias a los mecanismos de regulación del precio del combustible, al mayor peso de los vehículos eléctricos y a los subsidios a las refinerías estatales. Sin embargo, la presión se concentra en las industrias intermedias y finales, que absorben gran parte del aumento de costes.
Pymes en situación delicada por el encarecimiento de insumos
El incremento persistente de los costes está erosionando la rentabilidad de numerosos sectores. Industrias como la textil, la química o la de fibras sintéticas ya han comenzado a reducir su producción. A ello se suman mayores exigencias regulatorias y costes de cumplimiento que afectan especialmente a las pymes, con menor capacidad para trasladar los incrementos de precios a sus clientes.
En contraste, los grandes conglomerados industriales cuentan con contratos de suministro a largo plazo, economías de escala y balances más robustos, lo que les permite amortiguar mejor la presión.
Una crisis que puede reforzar a China… o frenarla
La situación presenta un doble efecto. Por un lado, la crisis energética podría reforzar la posición industrial de China frente a competidores asiáticos más vulnerables, como varios países de la ASEAN o India. También está impulsando la demanda global de tecnologías verdes chinas, especialmente en vehículos eléctricos, baterías y energía solar.
Por otro lado, un conflicto prolongado que mantenga elevados los precios energéticos podría lastrar el crecimiento global. Coface estima que una duplicación de los precios respecto a los niveles previos a la guerra podría restar más de un punto de crecimiento mundial en 2026, con efectos directos sobre la demanda internacional dirigida a China.
El economista Junyu Tan resume la situación: China está evitando un shock de suministro gracias a su estructura energética y a su ecosistema industrial, pero el aumento sostenido de los costes está generando una nueva vulnerabilidad: la presión sobre los márgenes, especialmente en las empresas más pequeñas.