Opinión

De la pequeña edad de hielo o de cómo el esfuerzo conjunto consiguió detenerla

Jesús-Centenera-(Ageron)

Jesús Centenera
Ageron Internacional.


El capitán John White estaba anonadado. Patidifuso. Estupefacto. Consternado. Es más, yo diría que se había quedado con el rostro en blanco, como el de un cadáver. No quedaba nadie de los 121 colonos que había dejado allí al volver a Inglaterra a buscar suministros. Ni una huella. No sabía que pensar. -“¿Habrían sido los malignos espíritus del mar y de aquella tierra? ¿O un violento huracán?

Todavía en el Fuerte Navidad se habían encontrado los restos de españoles muertos. Pero aquí no había nadie. Ni nada. Como también desapareció el asentamiento vikingo de L’Anse aux Meadows en Vinland del que nos hablan las sagas escandinavas. En este caso peor aún, porque aquellos vikingos desaparecidos no tuvieron el detalle de dejar cerca de la superficie ni trozos de vasijas rotas, ni empuñaduras de espada, ni huesos de pollo. Vamos, lo que deja uno para que los arqueólogos futuros puedan trabajar.

La noticia había caído como una bomba en la Corte, y se había reunido el Consejo. El castillo siempre fue frío, pero esto era ridículo e inaudito. El rey volvió a dirigirse hacia la inmensa chimenea para arrojar un legajo con láminas ricamente decoradas.

–“Vuestra Majestad, ¡No!, ¡Por favor!, lo que vais a quemar es “La crónica anglosajona”

–“¡Qué más da! Además, leed, leed lo que pone aquí: Anno 449. Her Martianus and Valentinus onfengon rice, and ricsodon seofon winter. And on hiera dagum …, Bretta cyninge, gesohton Bretene… ¡Siete inviernos! ¡En Inglaterra! ¡Maldición, esto sí que es el frío de siete inviernos juntos!”

–“Por favor, Vuestra Majestad, os lo ruego, ese sí que no ¿No veis que es la “Historia ecclesiastica gentis Anglorum” del Venerable Beda?”

–“¿Y qué? Ese era un religioso y la ciencia ya ha superado ampliamente todas esas supersticiones.”

El consejo asistía mudo a la tensa escena, frotándose el cuerpo fuertemente abrigado con movimientos enérgicos de los brazos (cada uno el suyo, se entiende). En una visión rápida del mismo podemos ver a todos los hombres del gobierno de Su Majestad, con sus pesados ropajes y sus pobladas barbas. Bueno, menos dos mujeres, obviamente sin barbas, pero con mucho carácter, enérgicas y “empoderadas”, así como un cobrizo antillano con mucha sabiduría y astucia. (Quizás un poco anacrónicos, pero lo pide el espíritu de los tiempos ¿No?)

El Canciller de Hacienda dejó su partida de ajedrez y se puso de pie muy serio, afirmando: -“Este es un asunto más grave de lo que pensamos. Si la temperatura sigue bajando, no podremos sostener las finanzas del Reino, porque caerá la exacción de tributos (con lo que nos gusta)”.

El primer Lord del Mar carraspeó:

-“Majestad, este frío progresivo es un asunto de seguridad “reinal”. Nuestras mediciones confirman que el agua de las costas de Dover no deja de descender desde que se toman registros históricos, porque el mar se está retirando, (cobardemente, me atrevo a añadir), hacia el casquete polar. Nuestros sabios estiman que para finales de siglo habrá bajado hasta un metro, y de seguir en el futuro, podría permitir a cualquiera pasar andando desde Boulogne-sur-mer hasta el Reino de Inglaterra”.

–“¡Qué disparate! ¿A quién se le va a ocurrir cruzar andando el Canal, aunque no haya agua? ¿Desde Ajaccio”?

–“Al Menos, Boulogne ya no sería ‘sur-mer’, digo yo”, terció un tercero.

-“Consejeros y consejeras, sin bromas. ‘Hoy, por fortuna, sólo un puñado de fanáticos niega la evidencia’”. Se volvió hacia el escribano y le dijo: -“Esta última frase, copiadla entrecomillada, porque no quiero que nadie la plagie en el futuro. Y que la selle el Lord del Sello privado, que para eso sella.”

El susodicho se sintió aludido y comentó: -“Varias propuestas se han puesto ya sobre la mesa, como no comer más carne, porque al aumentar la cabaña, aumentarían su flatulencias, que aportarían grandes dosis de gases al aire. De hecho, es una de las demandas del movimiento “veaporgrano”, que insistía en que no se comiera carne de animales, sino sólo hierbas. Por otro lado, una descendiente de los habitantes del antiguo Danelaw ha organizado una marcha hasta la capital para presentar, más bien gritar, sus demandas para la ¡Acción, ya!! Una pobre doncella que no ha tenido infancia porque se la han robado, aunque todavía no se ha encontrado al malandrín”, dijo mirando hacia el Lord Justicia Mayor, como recriminándoselo. –“Lo curioso, Majestad, es que se comenta que no quería venir en barco, sino andando, rodeada de rebaños de cabras y ovejas (no se sabe si merinas o churras, Sire), para que fueran soltando metano y ayudando a subir la temperatura del Reino. Miles de compatriotas concienciados se le están uniendo, alimentándose de judías y de cebada fermentada, para aumentar también ellos los gases.”

–“Pues a mí me parece que está como una del rebaño, si no se me tacha de micro-machista”, dijo el Antillano, mirando azorado por si se había extralimitado.

Aunque el Arzobispo de Westminster estaba un poco de capa caída en el Consejo, apuntó:  -“¡Quemar más herejes! Esa es la verdadera solución, porque levantaría nubes de ceniza que evitarían que se perdiese el calor que la tierra suelta. Para ello, habría que cortar más árboles, arrasando los bosques de Inglaterra, pero eso también sería bueno, porque todos sabemos que dicha tala provocaría una subida de la temperatura, como se aprecia en los lejanos desiertos de África y de Oriente, cuya ausencia ha convertido estas tierras en las más cálidas de la Creación. Es más, en la Antigüedad, se utilizaba “fuego griego”, una pasta viscosa que se extrae en aquellos lares y que arde sin cesar, desafiando al agua y a la lógica, produciendo un fuego eterno que nos cubrirá con un sombrero de humo.”

La Pequeña edad de hielo fue un período frío desde comienzos del siglo XIV hasta mediados del XIX. Pero el ser humano siempre ha sido poderoso, y si nuestros padres consiguieron revertir dicha tendencia entonces ¿No vamos a poder nosotros ahora? ¡Movilízate! ¡Sí se puede!

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