La nueva frontera económica de Biden - Moneda Única
Opinión

La nueva frontera económica de Biden

José-María-Triper

José María Triper
Periodista económico.
Artículo para Moneda Única


Aunque apenas ha comenzado su mandato y sólo conocemos esbozos de lo que será el proyecto económico de Joe Biden, sí se puede avanzar que el cambio en las formas de la nueva Administración de Washington no va a suponer, al menos de manera inminente una metamorfosis en el fondo, sobre todo porque los dos retos prioritarios con que se enfrenta el presidente electo van a ser la lucha contra la pandemia del COVID-19 e intentar superar la fuerte polarización de la política y de la sociedad norteamericanas que le ha dejado como herencia Trump, todo ello con el añadido de unos desafíos económicos que se aventuran enormes.

En este punto, el programa de estímulos anunciado, la inversión en infraestructuras y el regreso de Estados Unidos al Acuerdo de París para reducir las emisiones de gases con efecto invernadero son pasos que van en la buena dirección. Sin embargo, y como apuntaba recientemente Francisco de la Torre, en lo que más directamente afecta a Europa y, dentro de ella, a España hay todavía demasiadas dudas en cuestiones básicos como los aranceles, los acuerdos de libre comercio y la fiscalidad de las multinacionales tecnológicas.

Medido desde nuestros parámetros políticos, Biden, en Europa, sería considerado un centrista de libro, que comparte con las derechas europeas un liberalismo comercial que choca con el proteccionismo de Trump. Pero no se puede olvidar que la profunda división de la sociedad norteamericana va a obligar a Biden a tener que contemporizar con un partido republicano. Consciente, también, de que por razones de edad su presidencia es sólo para cuatro años y de que su figura no despierta pasiones como demuestra el hecho de que una gran mayoría de los sufragios que ha recibido han sido votos contra Trump y no a favor de su persona y su programa.

Es decir que, aunque se dé por sentada una mayor apertura comercial y un paulatino retorno al multilateralismo, no son de esperar cambios radicales a largo plazo lo que, por otra parte, no implica que no haya una suavización en el enfrentamiento comercial con China y un mayor entendimiento con la Unión Europea que los demócratas, siguiendo la línea de Obama, ven como un aliado leal y no como un competidor. Un cambio este que abre también una puerta a la esperanza de que se puedan reconsiderar o suavizar, al menos, las sanciones a las exportaciones agroalimentarias españolas derivadas de la guerra comercial entre Boeing y Airbus.

Y respecto al Brexit, recordar que Joe Biden nunca apostó por la salida del Reino Unido de la UE y con él Boris Jonhson ha perdido uno de sus grandes aliados en el mundo. De hecho, el triunfo del ya Presidente fue decisivo para Londres acelerara los movimientos para desbloquear el acuerdo de salida.

Decía mi admirado compañero y sin embargo amigo Juan Berga, que en las elecciones presidenciales de Estados Unidos deberíamos votar también las colonias por lo que nos afecta. Y, si eso sucediera, no cabe duda que, a pesar esa falta de empatía del aspirante demócrata, en España y en Europa el voto mayoritario también hubiera sido para Biden, porque para nuestros intereses económicos, Biden es bueno para Europa y bueno para España.

Estados Unidos es el sexto cliente mundial de España y el primero de fuera de la Unión Europea, con unas exportaciones españolas por valor de 13.740 millones de dólares en 2019, frente a unas importaciones por 15.534 millones que sitúan a este país como nuestro quinto proveedor. También en ese mismo año entraron en nuestro país 3,3 millones de turistas norteamericanos, el 3,9 por ciento del total de los llegados.

Y si miramos el capítulo de inversiones, a principios de este año 2020 la inversión española acumulada en EE UU se elevaba a 86.796 millones de dólares, cifra que coloca a España como el décimo inversor mundial en el gigante americano, siendo los sectores con más presencia de capital español el financiero (allí están nuestros principales bancos), además de la energía tanto tradicional como renovables, comercio, consultoría y actividades inmobiliarias. En sentido contrario Estados Unidos es el primer inversor extranjero en España con 40.793 millones de dólares, siendo destacable su presencia en los sectores inmobiliario, fabricación de automóviles, seguros y energía.

Esto es lo que está en juego y con ello muchos puestos de trabajo, fuera sí, pero sobre todo aquí en España.

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