Opinión

¿Quién debería pagar los platos rotos del COVID-19?

Felipe-Carballo-Ríos

Felipe Carballo Ríos
Doctor en Ciencias Económicas.


Cuando en 2004, el Presidente Chirac, autorizó las negociaciones para suministrar y co-gestionar, en el marco de los Acuerdos Bilaterales entre Francia y China, un laboratorio de investigación de virología -P4- en la ciudad de Whuan, nadie podía suponer que se estaban echando los cimientos de una amenaza bacteriológica 16 años después.

Esto ha ocurrido presumiblemente debido una mala manipulación y una posible fuga, como defienden prestigiosos investigadores (como el virólogo francés y premio Nobel Luc Montgaigner).

La negación en principio y posteriormente ocultación de la gravedad de su difusión por parte del Gobierno Chino, ha ocasionado una pandemia de consecuencias incalculables. Tanto humanamente como económicamente y sin parangón desde la mal denominada “gripe española” a finales de la primera Guerra mundial, pandemia que asoló Europa con un costo humano terrible.

El COVID-19 en términos humanos ya ha alcanzado cifras escalofriantes y creciendo, con más de 200.000 fallecidos y más de 3 millones de infectados en casi el centenar de países afectados hasta el momento y en términos económicos está provocando una gigantesca recesión económica, derivada de la paralización o ralentización de más del 40% de las actividades económicas en los países afectados.

En este sentido, tanto el FMI como el Banco Mundial y otras Instituciones, han estimado, por ahora, una caída del PIB que posiblemente superará el 5% mundial en los dos próximos años. En el caso de España alrededor del 8%, Francia 6%, Italia 10%, Inglaterra 8%, Estados Unidos 5%, con sus secuelas de desempleo, desestabilización social y tensiones políticas como ya comienzan a surgir entre los miembros de la UE y la confrontación estratégica entre los Estados Unidos y China.

Parece claro que estas alucinantes cifras de pérdidas, con sus secuelas de muertes y miseria, obligan a solicitar la inmediata creación en la ONU de una comisión de investigación internacional que investigue las causas y responsabilidades que han dado origen a la Pandemia, evaluando sus trágicas y costosas consecuencias, que en el momento actual se centran en China, origen de la tragedia, para después aplicar el viejo adagio: “el que rompe paga”.

Esto así mediante el correspondiente enjuiciamiento por el Tribunal Internacional de Justicia de la Haya, creado por la ONU para dictaminar los procedimientos contenciosos entre países y establecer la responsabilidades subsidiarias y en consecuencia las multimillonarias indemnizaciones.

Pero lamentablemente como señala Le Figaro del 1 de Abril, que abría su edición con este titular: “Qui osera demander des comptes au regime Chinois”… que en paladino lenguaje se traduciría “Quién se atreverá a poner el cascabel al gato”, que además es miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU.

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