José Carlos Díez, economista y profesor de la Universidad de Alcalá de Henares.

“Sin un sector exterior que tire y sin inversión privada la economía se estanca”

Bajo el leitmotive “haz el bien y no mires a quien” heredado de su abuelo, José Carlos Díez, se ha convertido en un habitual de las tertulias y corrillos económicos por ser políticamente incorrecto. Este palentino y “economista observador” -como él mismo se define en su blog- no tiene pelos en la lengua a la hora de afirmar que “el señor Donald Trump” es el culpable de la crisis por la que atraviesa el comercio internacional, ni de que en España el marketing político ha dejado en un segundo o tercer plano a las medidas que realmente necesita la economía española.

A las tensiones comerciales con Estados Unidos se suma ahora la crisis del coronavirus, ¿qué impacto tendrá en la ya dañada economía China?

La crisis del coronavirus se produce bajo el marco de una guerra comercial muy acusada y en un momento en el que China está muy débil, con una caída de las exportaciones a Estados Unidos del 17-18% el año pasado. Se añade que su modelo de crecimiento empieza a flojear. La etapa de brutales shocks de productividad y de desarrollo de la demanda interna que proporcionaba tasas de crecimiento del PIB (Producto Interior Bruto) superiores al 10% ha quedado atrás. Pensemos que, desde 2007, el superávit se ha reducido nueve puntos, al 1%.

Existe, por tanto, un riesgo real que puede generar un efecto dominó en Estados Unidos y Europa

En mi opinión, la desaceleración de la economía China se debe a que el proceso de transición económica se ha basado en un modelo de alto endeudamiento, que es el que llevó a los países desarrollados a la crisis de 2008. En este momento, las empresas más endeudadas del mundo son las chinas, calculado sobre PIB su deuda es el doble que la de cualquier país de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos). Insisto, tienen un problema de deuda grave con el añadido de que la mayor parte de esa deuda está en empresas de alto riesgo de impago y eso es una bomba. Por otra parte, el problema con China es que no hay una información estadística, hay mucho crédito informal, muchos canales que no se controlan… En definitiva, China es ahora uno de los dos grandes riesgos para la economía mundial.

¿Cuál es el segundo?

Dicho esto, la economía americana está agonizante, con un ciclo expansivo muy largo. Por mucho que Trump no lo quiera ver la recesión existe. La economía son ciclos y, otra vez, el bono americano empieza a marcar esa posibilidad de recesión. No obstante, la fortaleza de Estados Unidos de contar con un consumo privado interno bastante estable y si el empleo y los salarios aguantan, la situación no pasará a mayores.

La cadena de valor en Europa depende en gran medida de las empresas chinas, ¿servirán de algo las medidas de contingencia que han anunciado organismos como el BCE?
En lo que se refiere a Europa, yo soy bastante negativo. Muchos organismos y expertos defienden que estamos en un escenario en V -de caída y recuperación rápidas-, pero en realidad Europa lleva dos años estancada en la L, es decir, no hay visos de recuperación en el corto/medio plazo. Es una economía antigua, enferma, japonizada que no funciona, sin apenas fortalezas en el consumo interno. La parte más débil de la economía mundial es Europa. Centrándonos en los efectos del coronavirus hay que ver qué medidas van a adoptar los Gobiernos, pensemos que los chinos han parado el país con el impacto que eso supone para el comercio internacional y, especialmente para Europa, que está muy débil y necesita del sector exterior para salir que no está dando señales de recuperación fuerte.

Esa última afirmación supone también una amenaza para España

España sufrió una crisis brutal y, es verdad, que es más fácil rebotar cuando estás tan abajo. La economía española ha vivido en una V desde 2013, pero la europea no.

A pesar de que el año pasado el déficit comercial en España se redujo un 5,5% con respecto a 2018, la cifra es la segunda más elevada desde 2013 (31.979 millones de euros negativos). Además, las exportaciones crecen al menor ritmo desde 2010 ¿estamos ante el ocaso del sector exterior?

Tras el estallido de la burbuja inmobiliaria y del boom del crédito la economía española se recompuso gracias a las exportaciones de bienes y servicios, tanto turísticos como no turísticos. El sector exterior ha sido el gran sector de la recuperación. Dicho esto, considero que aunque la competitividad de la economía española sigue intacta, el comercio mundial no tira. Ese es el gran problema. Por otra parte, en lo que se refiere al sector turístico, la vuelta al mercado de ciertos competidores como Turquía o los países de Oriente Medio está suponiendo un lastre que hace perder fuerza a uno de los motores de crecimiento de la economía española. Esto explica la ralentización de la creación de empleo, que ha pasado de un ritmo del 3% a otro del 1,7%. Además, tenemos una tasa de desempleo mucho más elevada que el resto de nuestros socios europeos. No hay margen en la demanda interna. Por tanto, hay que reforzar las políticas y actuaciones orientadas a potenciar el sector exterior y mejorar, aún más, su competitividad. No podemos caer en complacencias.

¿Ha entrado el sector exterior español en crisis?

Se ha perdido el motor de crecimiento del sector exterior. El turismo no cae, pero sí ha dejado de crecer. Ocurre lo mismo con las exportaciones de bienes. Lo único que se está aguantando es el sector servicios. Es aquí donde España tiene una ventaja competitiva brutal.

La incertidumbre política que se ha vivido estos meses de atrás, la entrada en el Gobierno de Podemos, el conflicto catalán… ya están afectando a las inversiones privadas. Incluso se han producido deslocalizaciones…

Tenemos un Gobierno que genera bastantes dudas sobre la inversión privada. Eso no ayuda a crear unas condiciones favorables. Aunque, menos traumática de lo que se preveía, la entrada de Podemos tiene un cierto tufo intervencionista que no ayuda a reactivar la inversión privada. Y el ‘procés’ no es atractivo para las inversiones. Sin inversión ni gasto público, sin un sector exterior que tire y sin inversión privada el resultado es una economía estancada, en el mejor de los casos.

Si, como ha apuntado al principio, se confirma el frenazo de China y se paraliza el crecimiento americano, el escenario para España no es nada halagüeño y se necesitarán medidas que, precisamente, impulsen el sector exterior, ¿cree que se ha hecho lo suficiente por parte de los distintos equipos de Gobierno de los últimos años?

España ha entrado en una desaceleración, es algo más que obvio. Sin embargo, ¿has oído hablar de medidas concretas? Llevamos cinco años sin una estrategia de política económica definida. Hay mucho marketing político, pero de medidas cero. Si en España se desarrollase una política económica, tecnológica y de innovación que verdaderamente apoyase a las empresas, de todos los tamaños, en todas sus fases y en todas las regiones, seríamos un referente a nivel mundial. Veamos si no el ejemplo de California, Corea, Taiwan, China o la propia Alemania.

Esas políticas requieren de dotación presupuestaria y de mayor margen de gasto y Bruselas no parece estar muy por la labor de permitir cierta manga ancha a España.

Espero que el Eurogrupo permita asumir al Gobierno la senda de ajuste más suave que la que venía exigiendo Bruselas. Efectivamente, esto no va a proporcionar impulso al crecimiento, pero evitará una política fiscal contractiva. Espero que a España le dejen aplicar una política fiscal neutral.

Sin políticas de impulso, ¿cuáles son las alternativas de las empresas exportadoras españolas ante el frenazo del sector exterior?

En España, cuando hablamos de internacionalización, hablamos de Europa, pero si ya estamos posicionados en los mercados europeos y los mercados no crecen nos estancaremos. Hay que deseuropeizarse, hay que mirar al sur y al este (África, América Latina y Asia). En definitiva, la estrategia es diversificarse, ampliar nuestra presencia en Asia, concretamente en los mercados periféricos. Son mercados culturalmente difíciles para nosotros, pero posibles.

¿Cuáles son las complejidades de estos mercados?

Son un mercado muy proteccionista y corporativista con una forma de hacer negocios es muy diferente a la nuestra. Hay que adaptarse a la cultura del cliente, y que los equipos de recursos humanos se adapten a la cultura de la organización. Vender en China es fácil, pero ganar dinero es complicado. Por eso para España veo más fácil los periféricos, como Vietnam, que están más acostumbrados a hacer negocios con occidentales y son más permeables y flexibles a la adaptación cultural.

El proteccionismo está lastrando el comercio internacional, ¿dónde se encuentran los culpables?

En Donald Trump. En tres años de mandato ha derribado todo el sistema multilateral de naciones que tardamos 50 años en construir. Ha puesto en cuestión a todas las instituciones mundiales, ha reventado a China, a cuyos productos ha aplicado un arancel del 25% cuando antes era del 8%. Estamos ante la mayor guerra comercial desde los últimos 30 años, donde el principal responsable es el señor Trump.

Misma política que está aplicando en Europa con los aranceles a los productos agroalimentarios o al sector del automóvil…

Trump está obsesionado con Alemania y el automóvil. Es mercantilista y parte de un planteamiento: ¿yo cuánto vendo a Alemania?; ¿cuánto me vende Alemania a mi? Y esto es extensible a todos los sectores productivos europeos.

Precisamente el sector de la automoción en España está muy preocupado por una subida indiscriminada de aranceles por parte de la administración Trump…

Gracias a China, España ha incrementado las exportaciones a Estados Unidos en torno al 10%. Si suben los aranceles, caerán las exportaciones. Esto tendrá como resultado una crisis industrial en España y Europa como la que está viviendo China.

Compartir
Etiquetas: 0000