El Banco Central Europeo (BCE) ha decidido mantener la tasa de depósito en el 2,0 %, cumpliendo con lo esperado por los analistas, y no realizó cambios en su comunicación de política monetaria, manteniendo su enfoque dependiente de los datos y sin comprometerse con una trayectoria concreta de tipos. La decisión fue unánime.
Según Ulrike Kastens, Economista Senior de DWS, el BCE ya ha incorporado los efectos iniciales del aumento de los precios de la energía en sus proyecciones de crecimiento e inflación. Como resultado, las perspectivas de inflación a corto y medio plazo se han deteriorado y las previsiones de inflación subyacente se han revisado al alza.
El impacto económico negativo sobre el crecimiento del PIB se concentraría principalmente en 2026. En este contexto, la evaluación de riesgos del BCE ha cambiado: los riesgos de una inflación más alta superan actualmente los riesgos a la baja para la economía. La presidenta del BCE, Christine Lagarde, destacó la vigilancia de indicadores clave, como los precios de las materias primas, las expectativas de precios de las empresas y la evolución de los salarios.
Los mercados ya anticipan subidas de tipos en los próximos meses. Kastens señala que la reacción del BCE ante el “shock de precios energéticos” dependerá de su magnitud y persistencia, así como del riesgo de efectos de segunda ronda. Por ahora, la estrategia más probable sigue siendo la de “esperar y ver”.