La reciente escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán ha reavivado la preocupación en los mercados internacionales, especialmente por sus posibles consecuencias en el comercio energético mundial y en la estabilidad económica global. Así lo señala un análisis elaborado por el Servicio de Estudios de Ibercaja, que evalúa los posibles escenarios derivados del conflicto y sus implicaciones para la economía y los mercados financieros.
Escalada militar tras el fracaso de las negociaciones nucleares
El detonante de la crisis se produjo el pasado 28 de febrero, cuando Estados Unidos e Israel llevaron a cabo ataques militares coordinados contra Irán tras el fracaso de una semana de negociaciones celebradas en Suiza destinadas a frenar el desarrollo de armas nucleares por parte del país persa. Durante la operación murió el líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, lo que provocó una rápida respuesta del ejército iraní mediante ataques contra bases estadounidenses e israelíes en diferentes puntos de Oriente Medio.
Según el informe, los inversores no anticipaban una escalada de tal magnitud por parte de Estados Unidos, sino más bien una operación militar más limitada. Aunque la reacción de Irán podría haber sido más contundente -por ejemplo, atacando directamente infraestructuras energéticas-, la situación en la región sigue siendo extremadamente tensa y su evolución continúa siendo una fuente relevante de incertidumbre para los mercados.
El estrecho de Ormuz, clave para el comercio mundial de petróleo
Uno de los elementos clave del conflicto es la posición estratégica de Irán en el comercio mundial de hidrocarburos. El país controla el acceso al estrecho de Ormuz, una de las principales rutas marítimas para el transporte de petróleo y gas natural licuado. Por este paso transitan aproximadamente 15 millones de barriles de petróleo diarios, lo que representa cerca del 30% del comercio marítimo global de crudo, además de alrededor del 20% del comercio mundial de gas natural licuado.
Aunque por el momento no se han producido ataques directos contra infraestructuras energéticas, datos satelitales citados en el análisis muestran una pausa en el tráfico de petroleros a través del estrecho de Ormuz desde el inicio de la escalada militar. Esta situación, unida al aumento del riesgo geopolítico, ha impulsado el precio del barril Brent hasta los 80 dólares, lo que supone un incremento cercano al 26% en lo que va de año.
Un conflicto previsiblemente corto
A pesar de la tensión actual, el Servicio de Estudios de Ibercaja considera que el escenario más probable es el de un conflicto relativamente corto, con una duración estimada de entre uno y dos meses. En opinión de los analistas, el objetivo principal de Estados Unidos e Israel sería frenar el desarrollo de armas nucleares y misiles de largo alcance por parte de Irán, más que embarcarse en una intervención militar prolongada.
En este sentido, el análisis descarta, al menos por ahora, una intervención terrestre por parte de Estados Unidos. La estrategia militar se centraría en ataques a distancia mediante bombardeos, lanzamientos de misiles y operaciones de inteligencia destinadas a debilitar la capacidad del régimen iraní.
Además, el contexto político interno en Estados Unidos podría favorecer una resolución rápida del conflicto. Según diversas encuestas, cerca del 70% de los ciudadanos estadounidenses se muestran contrarios a una guerra, lo que supone un coste político significativo para la administración estadounidense, especialmente en un año marcado por las elecciones legislativas de medio mandato.
Impacto moderado en la economía global
Desde el punto de vista macroeconómico, el principal canal de transmisión del conflicto hacia la economía global es el precio del petróleo. El informe distingue entre dos tipos de movimientos: los de corto plazo, relacionados con retrasos logísticos, aumento de los costes de transporte o primas de riesgo en el suministro, y los de largo plazo, que se producirían en caso de daños en infraestructuras energéticas o interrupciones prolongadas de la oferta.
Por el momento, los mercados parecen reflejar únicamente el primer tipo de impacto. Mientras no se produzcan daños relevantes en infraestructuras críticas ni un cierre prolongado del estrecho de Ormuz, el informe considera poco probable que el precio del Brent supere de forma sostenida los 85 dólares por barril.
En este contexto, el impacto macroeconómico global sería relativamente moderado. Se estima que un aumento del 10% en el precio del petróleo puede añadir entre 0,2 y 0,4 puntos porcentuales a la inflación mundial, aunque las economías más dependientes de las importaciones energéticas —como la zona euro, Japón o China— serían las más expuestas a este efecto.
Reacción de los mercados y activos refugio
En los mercados financieros, los episodios de tensión geopolítica suelen provocar inicialmente caídas en la renta variable y un aumento de la volatilidad. Sectores con un alto consumo energético, como la automoción, las aerolíneas, el transporte marítimo o determinadas industrias manufactureras, podrían verse especialmente afectados si los costes energéticos continúan al alza.
Por el contrario, sectores como la energía, la defensa, la ciberseguridad o las infraestructuras críticas podrían beneficiarse de un incremento del gasto en seguridad y resiliencia en un entorno geopolítico más incierto.
En cuanto a las divisas y activos refugio, el análisis apunta a que el dólar estadounidense podría fortalecerse en un contexto de aversión al riesgo, mientras que metales preciosos como el oro y la plata también tenderían a apreciarse ante el aumento de la incertidumbre global.
En cualquier caso, el informe concluye que el impacto económico general dependerá de la evolución del conflicto en las próximas semanas. En el escenario central contemplado por el Servicio de Estudios de Ibercaja, el impacto sobre la economía global sería manejable, siempre que no se produzca una interrupción prolongada del suministro energético ni una escalada que eleve el precio del petróleo por encima de los 100 dólares por barril.