Chile se transformó en el primer país de América Latina en firmar un acuerdo comercial con el Reino de Marruecos, un paso que marca un precedente en la estrategia exterior chilena y que contrasta con la inactividad del Mercosur, cuyas negociaciones con el país magrebí permanecen paralizadas desde 2017.
El entendimiento bilateral -de carácter no arancelario- busca establecer un marco de cooperación económica, facilitar el intercambio de información y abrir espacios para futuras negociaciones más profundas. Aunque no contempla aún rebajas de impuestos ni liberalización del comercio, sí constituye un gesto político y económico relevante en un contexto global donde África gana peso como destino estratégico.
Un acuerdo que revive un viejo proyecto regional
La firma chilena llega más de dos décadas después de que el Mercosur suscribiera con Marruecos un Acuerdo Marco en 2004, ratificado en 2010, cuyo objetivo era avanzar hacia una relación económica más estrecha entre el bloque sudamericano y el norte de África.
Aquel acuerdo establecía una hoja de ruta en tres etapas:
- Reglas claras: Crear un marco predecible para estimular inversiones y comercio bilateral.
- Acuerdo de Preferencias Fijas (APF): Considerado el “primer paso obligatorio”, contemplaba negociar listas de productos con descuentos arancelarios.
- Área de Libre Comercio (ALC): La meta final: permitir la libre circulación de la mayoría de bienes manufacturados y agrícolas.
Para avanzar en estas etapas se creó un Comité de Negociación integrado por representantes del Grupo Mercado Común (GMC) y del Ministerio de Comercio Internacional de Marruecos. Sin embargo, las conversaciones quedaron congeladas desde 2017, sin avances sustantivos.
Chile toma la delantera
La decisión chilena de avanzar de manera bilateral es interpretada por analistas como una señal de agilidad diplomática y una apuesta por diversificar mercados en regiones donde la presencia latinoamericana aún es limitada.
Marruecos, por su parte, se ha consolidado como un hub logístico y comercial hacia África Occidental, con acuerdos preferenciales con la Unión Europea, Estados Unidos y decenas de países africanos. Para Chile, este paso abre la puerta a nuevas cadenas de valor, especialmente en sectores como agroindustria, energías renovables, minería y servicios.
Un precedente para la región
La firma del acuerdo podría reactivar el debate dentro del Mercosur sobre la necesidad de retomar negociaciones con África, un continente que se proyecta como uno de los polos de crecimiento económico más dinámicos de las próximas décadas.
Expertos señalan que, si bien el acuerdo chileno no incluye preferencias arancelarias, sí envía una señal política clara: la región no puede permitirse quedar rezagada en la competencia global por nuevos mercados.