Bankia-CaixaBank, una fusión bajo sospecha - Moneda Única
Opinión

Bankia-CaixaBank, una fusión bajo sospecha

José-María-Triper

José María Triper
Periodista económico.
Artículo para Moneda Única


La insistencia de los supervisores en las fusiones viene dada por su incapacidad de dar solución a un problema que se ha dejado crecer en exceso. Ya en la crisis financiera iniciada en 2008 la pasividad inicial del supervisor se intentó salvar con fusiones frías, o al uso, y el resultado es el que ahora conocemos.

Sin querer pecar de negacionista -el negacionismo me parece un fracaso de la inteligencia-, y reconociendo los beneficios que se derivan de la fusión entre Bankia y CaixaBank, es un axioma aceptado por una gran mayoría de economistas y de analistas financieros que las fusiones apenas solucionan los problemas de fondo de las entidades fusionantes. Son sólo una operación mercantil de la que en muchas ocasiones ni siquiera se obtienen sinergias reales que, en el caso que nos ocupa no van más allá del recorte de gastos derivado de los ajustes de plantilla y del cierre oficinas.

Cierto es que se va a crear el mayor banco por negocios en España, con un volumen de 630.000 millones de euros y una concentración de riesgo en nuestro país del 100 por cien, y que permite a Bankia salir de la esfera de lo público. Pero, entre los observadores y analistas crece el convencimiento de que con esta fusión lo que se pretende en realidad es responder al problema derivado de la baja rentabilidad de nuestros bancos derivada del más que deficiente cierre de la crisis anterior, además de la política de bajos tipos de interés del Banco Central Europeo (BCE). Dificultades a las que se añaden los deterioros provocados por el COVID, que van a ser muy superiores a los registrados hasta hoy, en forma de caída de depósitos y aumento de la morosidad.

Hoy el valor en Bolsa de toda la banca española es hoy inferior al de Iberdrola o Inditex y a esto se suman las preocupaciones respecto a las limitaciones a la competencia que la fusión implica la excesiva concentración económica y su impacto negativo, social y reputacional sobre el empleo. Las primeras estimaciones apuntan a que la fusión va a provocar entre 10.000 y 15.000 despidos, en un país que tiene ya más de 3,8 millones de parados y casi otros dos millones de trabajadores en los ERTE, de los que entre el 30 y el 40 por ciento no volverán a su puesto de trabajo.

Habrá que esperar también a ver el efecto negativo de la operación en las cuentas del FROB, y que medios financieros estiman en unas pérdidas próximas a 20.000 millones de euros para el Estado que mantendrá una participación en el banco resultante del 20 por ciento aproximadamente, en función de la ecuación de canje que se pacte.

Como apunta un destacado expresidente de una importante entidad financiera del país, “la insistencia de los supervisores en las fusiones viene dada por su incapacidad de dar solución a un problema que se ha dejado crecer en exceso”. De hecho, ya en la crisis financiera iniciada en 2008 la pasividad inicial del supervisor se intentó salvar con fusiones frías, o al uso, y el resultado es el que ahora conocemos.

Y en este escenario cada vez cobra más fuerza el rumor de que detrás de esta operación mercantil se esconde una maniobra política. Un regalo a los catalanes que ya pretendieron la absorción de Bankia en anteriores ocasiones y que en 2012 ofrecieron a Rodrigo Rato, un protocolo de fusión resumido en dos folios y medio, y que el entonces presidente de la entidad madrileña rechazó. De hecho, por lo que ha trascendido de la operación se desprende que su sucesor en la Presidencia, José Ignacio Goirigolzarri nunca será presidente ejecutivo de la entidad resultante, cuyo máximo responsable será el actual consejero delegado de CaixaBank, Gonzalo Gortázar.

Eso, y la bofetada política que la fusión supone para el vicepresidente segundo del Gobierno y sus aspiraciones de controlar una banca pública, al más puro estilo de los regímenes totalitarios. Cuestión esta que es uno de los principales intereses que desde el lado de Bankia impulsan la fusión: salir de la esfera de lo público, lo que supone también eliminar las restricciones retributivas de la dirección.

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