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Los riesgos del COVID-19 en África

José Segura, director general de Casa África

No podemos dar la espalda a África y es fundamental colaborar para labrarnos un futuro común.

Por José Segura Clavell, director general de Casa África.

El impacto del COVID-19 en África ha empezado a sentirse con lentitud en lo referente a la salud. En un continente de 1.300 millones de personas no es un mal dato que hasta la fecha haya solo 25.000 casos repartidos por 52 países de 54 que integran el continente. Sin embargo, los datos y predicciones que se manejan en los últimos días sobre el impacto de esta pandemia en África son devastadores: en lo que al aspecto sanitario se refiere, el COVID-19 podría matar, en su previsión más optimista, al menos a 300.000 africanos. En el ámbito económico, se calcula que esta situación empujará a 29 millones de personas del continente a la pobreza extrema, según palabras de la Comisión Económica de las Naciones Unidas para África (Uneca).

Se trata pues de un cóctel explosivo que el coronavirus está suponiendo para la salud y la economía africana, un cóctel que combina la crisis global con la suma, en cada país, del daño que conllevan las medidas de contención del COVID-19, hasta el punto de que se podría decir, en cierta manera, que en África el golpe económico se ha sentido antes que el sanitario, lo contrario de lo que está sucediendo en el resto del mundo.

El COVID-19 ha puesto de manifiesto una cierta insolidaridad entre diferentes países del mundo, evidenciado en medidas como la competencia por hacerse con mascarillas y el material médico o, en términos políticos, en la defensa de posiciones orientadas al propio interés en detrimento del bien común, tal y como hemos visto en el debate en el seno de la Unión Europea. Como es lógico, desde Europa (y, por tanto, España), estamos más centrados en solucionar nuestra urgencia sanitaria y la ya dura crisis económica, pero ya hemos admitido (Pedro Sánchez firmó un documento junto a 18 jefes de Estado europeos y africanos), que “sólo la victoria en África puede terminar con la pandemia en todas partes”, algo que implica volcarse en el apoyo.

Aunque, en un principio, parecía que los países africanos iban a sufrir esta crisis en menor medida que el resto del mundo, hoy sabemos que no está siendo así y que inexorablemente se cobrará vidas africanas, producirá convulsiones sociales y supondrá un frenazo al crecimiento de las economías del continente.

Teniendo en cuenta la importancia del seguimiento de la situación del continente vecino, Casa África está realizando a diario, un esfuerzo de compilación de datos e informes publicados por los medios de comunicación del continente africano, así como de medios españoles y otros internacionales, sobre la crisis actual, que ponemos a disposición de las instituciones, universidades, empresas, ONG, medios de comunicación y personas interesadas, lo cual hacemos cada día, en un número superior al medio millar. Pese a que la mayor parte de los países africanos ya han establecido medidas, cerrado fronteras, instaurando toques de queda y evitando reuniones públicas; la Organización Mundial de la Salud estima que, incluso en el mejor de los casos, África podría sufrir 122,8 millones de infecciones, 2,3 millones de hospitalizaciones y 300.000 muertes por el COVID-19.

La realidad actual es que se viene produciendo un incremento espectacular del desempleo, así como un aumento de la pobreza y del hambre, problemas a los que se debe hacer frente desde una perspectiva diferente, que tenga en cuenta la importancia del sector informal y las especificidades de un continente donde la cuarentena pone a los ciudadanos en el brete de morir de hambre para no contraer la Covid-19 o, donde existen amenazas sanitarias más graves, que a raíz de esta enfermedad pasan a un segundo plano, como son la malaria, la tuberculosis o el sida.

Es necesario señalar que no todo son noticias negativas. Por un lado, se da el hecho de que los países africanos cuentan con una población mayoritariamente joven, lo cual indica que son menos vulnerables al virus. Por otro lado, cuentan con más experiencia en la gestión de epidemias, lo cual es favorable.

Además, tal como han puesto de manifiesto caracterizados intelectuales africanos, que tales problemas africanos pueden y deben ser solucionados por los propios africanos, con soluciones africanas, aunque contando con la colaboración científica, tecnológica y económica de la UE y sin menospreciar la importancia de la ayuda.

Si bien es evidente la urgencia de actuar, la acción debe equilibrarse con la urgencia de elaborar políticas que pongan a la mayoría de los africanos en el centro del mecanismo de elaboración y aplicación de políticas, lo cual pasa por tener en cuenta a los más vulnerables, que además son mayoría. A su vez, se necesita un sistema que impida a todos los africanos contraer enfermedades prevenibles. Esto por sí solo, sin mejorar las condiciones de vida y de trabajo de la mayoría, es imposible.

Desde Europa, queda pendiente saber cómo se implementará la nueva estrategia para África de la Comisión Europea y si esto permitirá o no continuar siendo un socio privilegiado para el continente vecino, partiendo de una relación en la que todos ganemos y crezcamos.

No podemos dar la espalda a África y es fundamental fomentar una relación de iguales y colaborar para labrarnos un futuro común. En ese marco, con la Agenda 2030 en la mano y sin perder de vista la perspectiva de un futuro más seguro y próspero para todos, el papel de Canarias es vital como puente, socio y plataforma para el continente africano. Es el momento de apostar, más que nunca, por nuestra relación y positiva actuación con nuestros vecinos.

José Segura Clavell es director general de Casa África y doctor en Ciencias Químicas. Catedrático de Termodinámica en la Escuela Oficial de Náutica de Tenerife y fue profesor titular de Física Aplicada en la Universidad de La Laguna.

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