Opinión

La deuda mundial, una bomba con espoleta retardada

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José María Triper
Periodista económico.


El crecimiento desbocado de la deuda mundial ha empezado a despertar las alarmas de los principales organismos internacionales, hasta el punto de que el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha alertado ya sobre el riesgo cada vez mayor de que se desencadene una nueva crisis mundial por un endeudamiento que ha superado los máximos históricos.

La directora gerente de este organismo multilateral, Christine Lagarde, anunciaba el pasado octubre que la deuda global mundial, la pública y la privada, ha alcanzado un nuevo récord histórico situándose en 157 billones de euros, casi un 60 por ciento superior a la registrada en el año 2007, justo al inicio de la crisis. En la misma línea el Instituto Internacional de Finanzas (IFF) advertía de que sólo en los tres primeros meses de este año el endeudamiento global se había incrementado en 8.000 millones de dólares, unos 9.200 millones de euros, que suponen el mayor ritmo de expansión desde 2016.

Esta subida es aún más preocupante al coincidir en el tiempo con la ligera ralentización del crecimiento económico, con el giro anunciado en la política monetaria de la Reserva Federal norteamericana y el final de la compra de bonos por el Banco Central Europeo (BCE. Factores todos ellos, especialmente el cierre del grifo de la entidad que preside Mario Draghi, que repercutirán en un incremento de los costes de financiación de la deuda en los países emergentes. Este último factor de subida de los tipos de interés amenaza también a las economías desarrolladas, que no sólo concentran el 70 por ciento de la deuda mundial total sino que la mayor parte de su deuda está concertada a tipos variables.

Un peligro del que los bancos y analistas avisan está ya amenazando a Estados Unidos, Francia, Italia y China, y que también puede afectar de pleno a la economía española con un volumen de deuda pública que al final de 2018 se situaba en 1,170 billones de euros, el 98,3 por ciento del PIB. Tasa que “nos puede dar un susto grande” y llevarnos a “una situación muy vulnerable en los próximos años”, en palabras del presidente de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF), José Luis Escrivá.

En un escenario nacional e internacional como el descrito, en el que todo apunta a una subida de los tipos de interés y a un cambio en la política monetaria del Banco Central Europeo (BCE), si no se consigue reducir la deuda las partidas presupuestarias destinadas al pago de la misma deberán engordar dentro de las cuentas del Estado obligando a recortes en otros capítulos de gasto, especialmente los sociales y los de inversión, con un impacto negativo sobre el crecimiento de la economía y de los ingresos fiscales. ¡Ojo al dato!, porque el FMI, la AIReF y los servicios de estudios no suelen avisar en vano.

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