Felipe Carballo Ríos.
Doctor en Ciencias Económicas.


Entre el Olimpo de los dioses y el Grexit de los infiernos

Parece ayer y ya llevamos más de cuatro meses en el calvario informativo de la sobrevivencia de la economía griega y las vicisitudes de sus negociaciones, entre su recién estrenado Gobierno y el conjunto de actores económicos y acreedores que conforman el Eurogrupo, el BCE y el FMI (vulgar troika para los mercados o insolidarias Instituciones para la demagogia syrizante, del partido en el Gobierno), que alargan virtual, mediáticamente e innecesariamente la agonía de la quiebra económica del estado griego y la real crisis social y humana de una parte importante de sus ciudadanos y de sus instituciones.

Haciendo abstracción al chusco debate de modelos de crecimiento entre el marxista y heterodoxo Harnekiano, profesor de Economía Yanis Varoufakis, reconvertido en Ministro del ramo y de la imaginaria Twitera, y al estereotipado neoliberalismo y ortodoxia financiera de sus colegas del Eurogrupo, del BCE y del FMI. Esta situación es lo más parecido a una tragedia griega con actores con máscaras que esconden subjetividades y que se mueven entre la “skene” y la “orchestra”, donde se muñen las intrigas de los poderes financieros, las subjetividades de los eurócratas de turno y los planteamientos políticos y/o nacionales; mientras en el “koilon” mediáticamente una parte del europúblico, incluyendo el griego, se crispa y radicaliza.

Lo lamentable es que en este escenario llama la atención que los actores que conforman la farsa, es decir, la Comisión, su sucedáneo el Eurogrupo y el nuevo Gobierno griego, aparte de la enfatización de los despropósitos de unos y las exigencias de los otros, han sido incapaces de racionalizar suficientemente ni las responsabilidades de las partes, ni las desgraciadas consecuencias a corto plazo para los griegos y a medio plazo para el futuro de la cohesión de la UE, la solvencia de la Eurozona y la estabilidad de Grecia.

En este sentido conviene no olvidar, que todo comienza con el falseamiento por parte de los Gobiernos griegos de su situación económica real, de la falta de un mínimo rigor fiscal y de su desmesurado sector y gasto público. Sus secuelas dieron origen a un creciente endeudamiento, instrumento que desde hace décadas, permitió al bipartidismo de turno, mantenerse en el poder y a los ciudadanos griegos sentirse más cerca del Olimpo de la riqueza, que de la tierra que pisaban. La realidad actual y la insolvencia de sus cuentas con sus secuelas de deterioro social y humanitario les ha hecho bajar al duro y áspero suelo.

En este contexto el Gobierno de turno, actualmente Syriza y las Instituciones que le dan cobertura democrática, tienen una clara responsabilidad, desgraciadamente compartida por la ciudadanía griega que con su voto lo propiciaron, lo permitieron y se beneficiaron, bien es cierto que unos más que otros.

Pero también no es menos cierto que la Troika o las Instituciones según el gusto, no son menos culpables de la situación actual de Grecia. Así conviene que recordar cómo la Comisión y en particular el entonces flamante Comisario Pedro Solbes, posteriormente ministro de Economía con Zapatero -que no tuvo pudor, como todos recordamos en negar la crisis- dieron por buena la información económica que el Gobierno griego de turno remitía para la inclusión de su país en la Moneda Única sin hacer o tomar, o si se hizo peor aún, como se está comprobando, las mínimas verificaciones y cautelas al respecto, como también sucedió por simpatía o comodidad con el recién creado BCE y posteriormente con el FMI.

Sin lugar a dudas, la falta de verificación y control de la cuentas griegas entre 1999 y 2003 permitieron al Eurogrupo, con clara ligereza, la inclusión de Grecia en el área Euro, abriendo la espita a un irresponsable y creciente endeudamiento público y privado y cebando una previsible y explosiva crisis, que unida a crisis financiera internacional, ha desembocado en la situación actual.

En este momento cuando las responsabilidades se reparten entre lo que engañaron y los que se dejaron engañar, la pertenencia de Grecia a la Unión Europea nos obliga solidariamente a todos los que la conformamos y creemos en ella, desde las Instituciones Europeas, la Comisión, el Parlamento, el Eurogrupo y BCE, a los Gobiernos de los restantes 27 países que la conforman sus Instituciones y por supuesto también a sus ciudadanos, a dar una respuesta justa, razonable y solidaria a la tragedia griega evitando el previsible Grexit del área Euro.

Compaginar el obligado respeto por Grecia del cumplimiento de sus compromisos financieros y de ajustes presupuestarios en plazos consensuados razonablemente en tiempo y forma, con un esfuerzo solidarios por parte de las Instituciones Europeas, de los Gobiernos de los países y sobre todo los ciudadanos europeos, que no pueden mantenerse al margen del tsunami social y humano que está soportando una parte importante de la sociedad europea griega, es pertinente.

En esta línea arbitrar, manteniendo la dignidad de un pueblo que dio nacimiento a la primera democracia europea, una serie de fondos solidario no reembolsables, en paralelo con las primeras aportaciones que en esta línea ya está propiciando la Comisión, deberían cubrir, con las cautelas necesarias para no volver a caer en el pecado original, los déficits sanitarios, sociales y humanitarios de las estructuras ciudadanas más precarizadas, supliendo temporalmente las restricciones presupuestarias ligadas al cumplimiento de sus compromisos financieros, necesarios para un retorno a un equilibrio y una normalidad económica, propiciando que los griegos desciendan de su particular Olimpo, pero evitando su caída en el infierno del Grexit.

Felipe Carballo Ríos
Doctor en Ciencias Económicas y miembro del Consejo Editorial de Moneda Única.

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