Opinión

¿España no es Grecia?, pero podemos serlo

José-María-Triper

José María Triper
Corresponsal económico de elEconomista.


España no es Grecia. Este es el eslogan que se repite como un mantra desde la noche del 25 de enero por todos los rincones y en todos los estamentos del país. Desde el mismísimo Pablo Iglesias hasta la vicepresidenta del Gobierno, pasando por todos los que son, y quieren ser, protagonistas en el espectro político y económico de la España de la postcrisis.

Y, efectivamente, España no es Grecia. Ni por tamaño –representa el 16,5 por ciento del PIB de la Eurozona frente al 2 por ciento del país heleno- ni por la evolución de sus indicadores macroeconómicos que han llevado a nuestro país a liderar  el crecimiento económico en Europa, compatible con el cumplimiento de los objetivos de déficit y acompañado por una reactivación del empleo aunque todavía muy débil y precaria. Todo ello frente a una Grecia que sigue siendo un solar y el ejemplo más palpable del fracaso del rescate y de la Troika.

Pues eso, España no es Grecia…, todavía; pero Podemos serlo y a no muy largo plazo. Porque el caldo de cultivo del cambio histórico en las elecciones griegas es el mismo que se extiende por todos los rincones de la geografía patria. A saber: el rechazo frontal a las políticas austericidas de Alemania y sus lacayos del norte; el empobrecimiento general de la población, y en especial de unas clases medias que hoy pueden incluirse en la lista de especies en peligro de extinción; una corrupción que ni se aclara ni se combate con la contundencia necesaria; y el descrédito de los partidos políticos tradicionales, los sindicatos y las instituciones.

Por todo ello, y a poco que Tsipras y Siriza cumplan lo esencial de su programa, consigan reestructurar la deuda, mejoren el nivel de vida y el poder adquisitivo de los ciudadanos griegos y devuelvan la dignidad a un pueblo convertido en una colonia sometida a la tiranía del luteranismo económico de Merkel, España puede ser Grecia tras las elecciones de Diciembre.

Con un Gobierno aplicado en la tarea de propagar el Evangelio de una recuperación que en la economía real –las familias, los pymes y los autónomos- ni está ni se la espera, de momento. Un Partido Popular empeñado en el ejercicio hasta ahora estéril de tapar las vías de agua de los Gürtel, Barcenas y la doble contabilidad. Y un PSOE convertido en un nido de conspiraciones, guerras intestinas, zancadillas y sin mensaje y liderazgo claro, que puede repetir el desastre histórico de sus colegas griegos. Pues, o cambia mucho y con rapidez el escenario o la catarsis griega puede reencarnarse en el ruedo hispánico. Y, en esta disyuntiva, acontecimientos como la negativa del PP a aceptar la comparecencia de Rajoy en el Congreso para explicar el caso Bárcenas, o el blindaje que Susana Díez ha tejido en torno a los altos cargos del PSOE implicados en el asunto de los ERE, no son el mejor antídoto para evitarlo.

José María Triper
Corresponsal económico de elEconomista.

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