La inflación en la eurozona podría repuntar en los próximos meses impulsada por el encarecimiento de la energía, aunque los analistas descartan, por ahora, un escenario de escalada como el vivido en 2022.
Según un análisis de Ibercaja Gestión, el impacto del conflicto en Oriente Medio ya empieza a trasladarse a los precios, especialmente a través del petróleo y el gas. El dato preliminar de marzo se situó en el 2,5% interanual, ligeramente por debajo de lo esperado, con el componente energético como principal motor del avance, al crecer un 4,9%.
De cara al corto plazo, las previsiones apuntan a un aumento progresivo de la inflación durante abril y mayo, cuando podría alcanzarse el máximo si la tensión geopolítica no se intensifica. Este escenario ya está siendo anticipado por los mercados, que descuentan hasta tres subidas de tipos de interés por parte del Banco Central Europeo (BCE) a lo largo de 2026.
Claves de la inflación en la eurozona
- Repunte a corto plazo
La inflación podría subir en abril y mayo por el encarecimiento del petróleo y el gas. - Techo próximo
El pico se alcanzaría en primavera si el conflicto geopolítico no se agrava. - Menos riesgo que en 2022
Los precios energéticos han subido, pero siguen lejos de los máximos de la crisis energética. - Consumidor más débil
Menor demanda y menor capacidad de gasto limitan la propagación de la inflación. - Presión sobre empresas
Las compañías tienen menos margen para trasladar costes, lo que tensiona la rentabilidad. - Impacto en financiación
El mercado ya descuenta subidas de tipos, elevando el coste del crédito. - Inflación no estructural
Las expectativas a medio plazo se mantienen contenidas, en torno al 2,5%.
Un repunte limitado en un contexto más débil
Pese al actual entorno de incertidumbre, el escenario difiere del de 2022, cuando la inflación superó el 11% tras un shock energético mucho más severo. Aunque el precio del gas se ha duplicado en lo que va de año y el petróleo ha repuntado con fuerza, ambos siguen por debajo de los máximos alcanzados entonces.
Además, la economía europea presenta un menor dinamismo, con un crecimiento previsto del 1,3%, lo que reduce la capacidad de consumidores y empresas para absorber subidas de precios y limita los efectos de segunda ronda.
Este contexto también condiciona el comportamiento empresarial. La menor fortaleza de la demanda dificulta trasladar los mayores costes a precios finales, lo que presiona los márgenes. Al mismo tiempo, el aumento de las expectativas de tipos ya está elevando el coste de financiación, tanto para empresas como para hogares.
A ello se suma una menor dependencia energética respecto a 2022, tras el avance de las energías renovables, que ya representan el 45% de la generación eléctrica en Europa, y un BCE que parte de tipos más elevados y previsiblemente actuará con mayor rapidez.
En conjunto, el mercado anticipa un repunte de la inflación a corto plazo, pero no un proceso estructural ni persistente, lo que aleja el riesgo de un escenario como el de hace cuatro años.