«La nueva India: autonomía estratégica de alto riesgo», por Rafael Loring, analista de Riesgo País de Cesce
«Europa tiene que salir de la mentalidad de que los problemas de Europa son los problemas del mundo, pero los problemas del mundo no son los problemas de Europa.»
La voz del ministro de Exteriores indio, S. Jaishankar, golpeó con una franqueza inusual en las cancillerías occidentales. Esta contundente declaración, pronunciada en el contexto de la invasión rusa de Ucrania, refleja las aristas de la nueva política exterior de la India basada en una firme defensa de la autonomía estratégica. Además, revela el anhelo oculto de convertirse en nueva potencia mundial.
La India está a solo unos años de convertirse en la tercera economía mundial y con el primer ministro Narendra Modi asegurando un tercer mandato hasta 2029, se proyecta como una potencia global independiente a tener en cuenta. Sin embargo, está aún muy lejos, tanto en peso económico como en poder militar, de las dos súper potencias mundiales, EE.UU. y China, que marcan el compás geopolítico. El pulso entre Washington y Pekín, el conflicto perenne con Pakistán y la lealtad histórica a Moscú están forzando a la India a navegar un peligroso equilibrio diplomático que conlleva beneficios, pero también elevados costes, como muestra el reciente deterioro de las relaciones con Estados Unidos.
Moscú: las amistades peligrosas
La guerra en Ucrania se convirtió en la prueba de fuego de esta apuesta por mantener su autonomía estratégica. La «mayor democracia del mundo» sorprendió a muchas cancillerías occidentales al no votar a favor de la condena de la invasión rusa en la ONU en marzo de 2022. La India no solo se ha negado a culpar públicamente a Moscú por la «crisis de Ucrania», sino que ha disparado de forma espectacular sus importaciones de hidrocarburos rusos a precios muy favorables. La India pasó de importar menos del 2% de su crudo de Rusia a absorber en su punto máximo cerca de 1,8 millones de barriles diarios, lo que representa casi el 40% de sus importaciones totales.
La postura hacia Moscú no es un capricho reciente, sino la continuación de una relación que se remonta a la Guerra Fría, cuando la India buscó en la Unión Soviética un contrapeso a China y Pakistán, viendo el acercamiento de Washington a estos dos últimos. Rusia es desde entonces el principal suministrador de armamento indio y, ahora, además, de petróleo. Este beneficio económico inmediato, sin embargo, ha generado una factura geopolítica. El «doble juego» terminó por exasperar a la Casablanca, más aún cuando Nueva Delhi se permitía minimiza el papel mediador de Trump en el acuerdo de paz entre Pakistán y la India. En contraste, el primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, propuso astutamente a Trump para el premio Nobel de la paz. Así, no sorprenden tanto los aranceles recíprocos del 50% impuestos por Washignton, la tarifa más elevada aplicada a cualquier país en la región. Esto, junto con la extendida percepción en Nueva Delhi de que la 2ª Administración Trump no es un socio estratégico fiable, ha impulsado un sorprendente y rápido deshielo de las relaciones con uno de sus grandes rivales, como es China.
China: ¿De rivales a socios?
La rivalidad con China es el eje central de la estrategia india en Asia, lo cual no está tampoco exento de contradicciones, ya que el gigante asiático es uno de sus principales socios comerciales e inversores
Las relaciones con China alcanzaron su punto más bajo en el verano de 2020, con enfrentamientos cuerpo a cuerpo en la frontera que causaron decenas de bajas de soldados en ambos lados y una espiral de medidas económicas. No obstante, el panorama geopolítico cambió drásticamente a partir de 2024, con una paulatina normalización de las relaciones, que culminó en la cumbre de la OCS en Tianjin en agosto de 2025, donde China y la India anunciaron oficialmente la redefinición de sus relaciones, pasando de ser rivales, a ser socios.
No obstante, es vital entender que este no es un realineamiento geoestratégico, sino una maniobra táctica de autonomía estratégica. El acuerdo refleja la política india de «cordialidad y contención pragmática» como la mejor estrategia frente a un vecino económica y militarmente mucho más poderoso a día de hoy, como es China. Especialmente cuando el apoyo de Washington ofrece ahora algunas dudas.
China, por su parte, busca con esto alejar de EE.UU. de un socio clave en la región que, no siendo hoy una amenaza directa para Pekín, sí puede ser clave en el futuro. Sin embargo, es difícil pensar que vayan a resolverse las disputas territoriales de forma definitiva o se evapore en la India el estructural recelo de fondo a su vecino del norte.
Pakistán: la eterna espina clavada
En todo este juego de alianzas cambiantes y contra pesos, Pakistán ocupa un lugar crítico. Desde la partición acaecida en 1947, ambos países se han enfrentado en cuatro guerras y vienen manteniendo un conflicto constante en los últimos años por la soberanía de la región de Cachemira.
En este contexto, cabe preguntarse ¿por qué, EE.UU. mantiene estrechos lazos con Pakistán, si ello hace peligrar las relaciones con uno de sus potenciales grandes aliados en la estrategia de contención de China?
Pakistán es para EEUU históricamente vital en su estrategia anti terrorista en Afganistán y Oriente Medio, pero, más crucial aun, es que se ha convertido en pieza clave para China en su estrategia geopolítica de garantizarse su acceso al Índico, punto neurálgico para sostener su aparato industrial y militar.
Conclusión: Autonomía de alto riesgo
En esencia, la autonomía estratégica india es una apuesta de alto riesgo en un entorno de superpotencias cada vez más enfrentadas, que en el caso de la India se complica aún más con el protagonismo de Rusia y Pakistán. La capacidad de Modi para mantener este complejo equilibrio, cosechando beneficios de todas las partes, sin alinearse por completo con ninguna, determinará si la India consolida su ascenso como potencia independiente o si, por el contrario, termina sucumbiendo al peso de sus múltiples y profundas contradicciones.
A largo plazo, juega a su favor su favorable dinámica de crecimiento. En este sentido Nueva Delhi podría tomar nota de la tradicional diplomacia china, que responde al célebre lema de Deng Xiaoping “esconder nuestras capacidades y esperar”. Aunque, ya está en desuso en una China que ha emergido por completo, le valió durante mucho tiempo no generar recelo en el resto de países. Sin embargo, no parece de momento el “Camino de la India” que, en palabras de S. Jaishankar pasa por ser “un actor influyente, más que un mero espectador”.