Fue el primer ministro quien, en su segundo mandato, perfiló su acción macroeconómica a través de las llamadas “tres flechas”: la política monetaria expansiva, el estímulo fiscal y las reformas estructurales. Una de las consecuencias del desastre de Fukushima fue el cierre inmediato de las plantas nucleares del país. María del Coriseo González-Izquierdo, consejera económica y comercial de la Embajada de España en Tokio recuerda que “a principios de 2011, la energía nuclear representaba casi el 30% de la electricidad generada en el país. Actualmente, el nivel de autosuficiencia energética de Japón apenas alcanza el 4% y ha aumentado la dependencia de las importaciones de combustibles fósiles. Por ejemplo, las compras de gas natural licuado se triplicaron entre 2010 y 2013”.
En cierto modo, el panorama en el sector energético pasa por un estado de transición y de búsqueda de un modelo en que también haya hueco para las energías renovables. David Vallejo, responsable de la oficina en Japón de Solarig, firma española dedicada a la energía solar, confía en que “se instaure un nuevo ‘mix energético’, en el cual puedan convivir las energías renovables con el resto de energías convencionales, al menos en los próximos 15 ó 20 años, al mismo tiempo que las grandes compañías eléctricas japonesas vayan reabriendo parte de sus reactores nucleares”. En la gran mayoría de sectores, ser capaz de exportar a Japón otorga cierto prestigio ante el resto de mercados. No es por casualidad. Las exigencias son duras y, aunque no se puede afirmar que se trate de un país con grandes barreras arancelarias, sí que hay otros obstáculos. En palabras de González-Izquierdo, “la normativa exige el cumplimiento de requisitos técnicos y la obtención de certificados adicionales a los establecidos por los estándares internacionales. En ocasiones, las reglas son poco claras y la información disponible en inglés y en otros idiomas extranjeros es escasa, lo que dificulta su cumplimiento. En sectores como el de componentes químicos para medicamentos es relativamente común que algunos productos no superen los controles de aduanas”.
Ante la necesidad de reactivar la economía y de recuperar el ritmo ante el horizonte que marcan los Juegos Olímpicos, el Gobierno desea atraer inversores extranjeros -objetivo declarado: un incremento del 70% hasta 2020-. Las oportunidades de negocio ligadas directa o indirectamente a este evento deportivo, sobre todo en la capital, son diversas. El Gobierno Metropolitano de Tokio ha lanzado un plan llamado Tokyo Visión 2020 cuyas líneas maestras subrayan, por ejemplo, la demanda de infraestructuras de calidad capaces de resistir y hacer frente a desastres naturales. En todo caso, para entender este deseo de reactivación de la inversión extranjera directa (IED) hay que remontarse al contexto que emergió durante la crisis financiera.
“Con la apreciación del yen, algunas de las firmas extranjeras establecidas en el país, así como compañías locales de sectores como la automoción, apostaron por la deslocalización industrial y el desarrollo de economías de escala para reducir sus costes. De momento, el abaratamiento del yen no parece ser un incentivo suficiente para conseguir que estas empresas vuelvan a trasladar su producción a Japón”, señala González-Izquierdo. Unos se fueron, pero otros llegan. Las cifras de IED de 2013 muestran un incremento del 33% respecto al año anterior, por lo que las medidas de estímulo parecen dar sus frutos. Entre las propuestas se encuentra la reducción del impuesto de sociedades y un jugoso paquete de incentivos para aquellas compañías que quieran abrir en Japón su oficina principal o centro de I+D. En concreto, según González-Izquierdo, “el Gobierno concederá subvenciones destinadas a la adquisición, construcción y diseño de las instalaciones, la compra de nuevos equipos y software o facilidades en los contratos de leasing”.