José María Triper
Corresponsal económico de elEconomista.
¿Es que tiene sentido, acaso, que en una ciudad como Sao Paolo haya nada menos que once oficinas comerciales españolas?
Acabar con descoordinación en la promoción exterior y con el despilfarro de los escasos recursos disponibles es, junto al apoyo a la internacionalización de las pymes, uno de los ejes básicos de la política de la Secretaría de Estado de Comercio para la actual legislatura en la que el Gobierno considera fundamental la contribución del sector exterior para superar la crisis, crecer y crear empleo.
Así se lo hizo saber el secretario de Estado, Jaime García-Legaz, a los consejeros de las comunidades autónomas, durante la primera reunión que mantuvo con el Consejo Interterritorial de la Internacionalización, y en la que les propuso que integren sus oficinas comerciales en el exterior en la red del Estado. Una propuesta que si tenía su razón de ser desde hace años para corregir un desconcierto que nunca debía haberse producido, mucho más la tiene en estos tiempos de ajustes y de recesión en los que, en palabras del secretario de Estado, “España no se puede permitir el lujo de tener duplicada su red de oficinas comerciales en el exterior”.
Las comunidades autónomas tienen actualmente 123 oficinas comerciales en funcionamiento fuera de España, que hacen funciones paralelas al centenar de oficinas de la Administración Central, por lo que la integración de todas ellas bajo el paraguas del Estado no sólo ayudará a reducir el gasto público para reconducir el déficit, sino que permitirá optimizar los apoyos para las empresas, acabar con la dispersión de la imagen país que ha creado la proliferación y dispersión de las actuaciones promocionales y mejorar la marca España en el exterior, sobre todo porque habrá una oficina que tenga todos los servicios integrados. ¿Es que tiene sentido, acaso, que en una ciudad como Sao Paolo haya nada menos que once oficinas comerciales españolas?
Coherente también con este objetivo de racionalización y de eficacia es la reestructuración del ICEX y su fusión con Invest in Spain. Una reestructuración interna que debe acompañarse de la necesaria modificación y actualización de la estructura organizativa del Instituto Español de Comercio Exterior y de sus procedimientos de prestación de servicios, avanzando en la política de planes de internacionalización particularizados y priorizando aquéllos sectores con mayor actividad exportadora y con mayor potencialidad de impulsar la imagen país.
Cuando los recursos son escasos es necesario discriminar en favor de aquellos que más aportan y más pueden actuar como locomotora del país en beneficio del conjunto.
Y, respecto a las pymes, es de desear que, de una vez por todas, un Gobierno se plantee en este país aprobar la que sigue siendo la gran asignatura pendiente de nuestra internacionalización. La necesidad obliga y si los empresarios deben comprender que en un mundo global, donde las fronteras comerciales son una especie en vías de extinción, la salida al exterior es vital, no para mejorar, sino para sobrevivir ante la “invasión” de los competidores.
Pero también corresponde a la Administración Comercial convertirse en el abanderado de esas pymes, avanzando en la formación, la definición de apoyos de mayor valor añadido y, sobre todo, asegurando la afluencia de recursos crediticios y de capital para facilitar que las empresas desarrollen su actividad exportadora o sus operaciones de inversión fuera de España.
Las exportaciones, junto con el turismo, son los únicos sectores que están manteniendo con vida a la maltrecha economía española y son las empresas internacionalizadas las que mejor están soportando los envites de la crisis. Pero la internacionalización no sólo es imprescindible hoy. Es también la garantía de futuro de una economía sólida, moderna y competitiva. Esperemos que este gobierno de las grandes reformas sea capaz también de acometer esa otra gran reforma que es la consolidación de nuestra internacionalización empresarial.
Los principios parecen serios y atractivos. Esperemos que las tentaciones por políticas más populistas y de mayor rentabilidad electoral a corto plazo no les desvíen del camino correcto ya iniciado.