El elegante y trasnochado decimosexto Duque de Rayfields - Moneda Única
Opinión

El elegante y trasnochado decimosexto Duque de Rayfields

Opinión-Ageron

Jesús Centenera.
Ageron Internacional.


De los vertiginosos cambios del entorno internacional

Lord Joshua, XVI Duque de Rayfields, miró con desprecio el ejemplar del TIMES que había sobre la mesa enfrente de su butaca favorita del Club, entre su copa de Whisky de 20 años (de elaboración y envejecimiento artesano, como siempre se había hecho), y el cenicero, de rostro triste y melancólico, porque, al igual que él, extrañaba sus largos cohíbas, desterrados desde hace años por esa estúpida ley que prohibía fumar a los caballeros hasta en su propio Club, terminando con una centenaria y saludable tradición. Gruñó, casi imperceptiblemente, al contemplar ese nuevo “Times” escuchimizado y anoréxico, que no era ni la sombra del mayor periódico del mundo, reducido ahora, no sólo en su tamaño, sino también en su ambición, habiendo abandonado su papel de marcar la línea de pensamiento de la élite que había dirigido el mayor imperio del mundo durante siglos. En portada, la noticia del futuro jubileo para celebrar el 60 aniversario en el trono de Su Graciosa Majestad, la Reina Isabel II, que Dios guarde muchos años. Pero, ¿había realmente algo que celebrar, además de la salud de hierro de nuestra amada soberana?

Son sesenta años que han cambiado el mundo, pensó con tristeza. Su padre, nuestro buen Rey Jorge VI no lo reconocería y, si resucitase antes del día del Juicio, la magnífica, irremplazable y superlativa Reina Victoria, la Emperatriz de la India, caería desplomada de un sofoco al ver cómo había ¿evolucionado? todo. Aunque igual la resucitaban de nuevo, con tanta investigación puntera, tanto trasplante y tanta biomedicina, en esta ciencia desbocada del siglo XXI. Que ella me perdone, pero a mi me parecieron hasta lógicas las independencias de las colonias en los sesenta, para no ser arrollados por esos “vientos de cambio” que soplaron en Asia y África. Cada uno en su casa, y Dios en la de todos. Pero, de repente, la inmigración y el multiculturalismo habían barrido todos los países, formando la “melée” actual de todos contra todos. (Por cierto, ahora que utilizo esa expresión de un deporte de caballeros, ¿qué demonios hacen los italianos jugando en el torneo de las “cinco naciones”?) El “good ol’ country” parece la ONU y ha perdido ese toque especial que tenía. Claro que después de las barbaridades del nazismo al que combatí, y los campos de exterminio, me avergüenza tener este tipo de pensamientos, pero me siento perdido en un país que no se parece al mío.

Además, con la revolución de los transportes y las telecomunicaciones, millones de turistas vienen de todo el mundo a Londres, habiendo cambiado el paisaje urbano de las gentes, los restaurantes y las tiendas de nuestra siempre orgullosa capital. Por no hablar de los teléfonos, que hoy tiene cualquiera, incluso la gente más humilde de los comunes, la que se dedica a las profesiones manuales, cuando antaño eran signo de distinción, ya que no había más que en las casas de la gente de orden, o en locales públicos, de la única compañía estatal, que funcionaba de manera extraordinaria. Al igual que el servicio Real de Correos, que pelea ahora de manera agónica, contra los “electronic mails” y las empresas de mensajería y paquetería. Qué disparate, sustituir el suave papel satinado de una carta escrita con pluma de ave, por esos ingenios fríos y distantes ¿O acaso tendrá alguna vez un e-mail el sobre de color morado y el olor suave de perfume de mujer, como aquel que recibí yo de mi prometida antes de la guerra? Claro que, si lo pienso, son el corolario lógico a esa infección que se extiende por todas partes y que llaman “la red”. Como decía uno de los miembros de la Cámara de Comercio e Industria, “¡Esto de internet hay que pararlo, hay que pararlo!”

Bueno, si al menos el mundo fuera más tranquilo gracias a estos cambios. Pero no lo es. Nos hemos adentrado en un mundo “multipolar”, lleno de tensiones, de terrorismo, de nuevas amenazas nucleares y en crisis económica permanente. Con los chinos que han pasado de hacer caligrafía y suministrar el opio, en la guerra de los Boxers, a convertirse en una potencia mundial, junto con otros nuevos países emergentes, que nos van a situar muy abajo en la lista de naciones más ricas y desarrolladas del mundo. Y, para colmo, dicen que situados bajo la espada de Damocles que supone la crisis energética y el cambio climático. Pero bueno, menuda desfachatez. ¿No hemos padecido cuatro glaciaciones? ¡Eso sí que es un cambio climático! ¿No son los combustibles fósiles la prueba evidente de que una vez hubo un vergel en los actuales desiertos del Sahara y de la península Arábiga? Es que no entiendo nada, y eso me produce inquietud, a mi, como a tantos otros mayores, a los que ni siquiera nos consuela saber que ya somos una parte muy importante de la población en los países desarrollados, por encima del 20% del total, pero con poco poder real para afectar las decisiones. ¡Pero si hasta han suprimido los pares hereditarios en la Cámara de los Lores en la que tanto bien ha hecho mi familia durante generaciones!

Y ahora, en el colmo de la estulticia, los miembros del Club quieren votar hoy la actualización de sus estatutos para permitir la entrada de las mujeres, para reflejar su nuevo papel en la sociedad. Y eso no, eso sí que no, ¡por San Jorge! Porque una cosa es una cosa, y seis son media docena. O, como solíamos decir, un penique es un penique, y seis hacen un chelín. Claro que ya no hay chelines. Los quitaron cuando cometimos la locura de entrar en la Unión Europea, con esos continentales. Pero, ¿qué podríamos haber hecho sino contra la globalización?

En fin, pensaba el Duque, “puede que sí que votaré a favor, porque no quiero seguir enfadado siempre con el mundo, y tengo que demostrar que siempre he sido un visionario y he apostado por el futuro”. Pero, al igual que el longevo Catón, pensaba también apesadumbrado: “Qué triste es haber vivido con una generación y ser juzgado por la siguiente”.

Jesús Centenera
Agerón Internacional.

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