Emilio Carmona Pertínez
Director General de ACAY CONSULTING.
Deseo agradecerle, en primer lugar, a Moneda Única su invitación a que escriba estas líneas y felicitar a su equipo por la extraordinaria labor que están haciendo a favor de la internacionalización tanto desde la propia revista, como desde IMEX.
Muchos esperamos que la política de internacionalización del nuevo Gobierno cumpla, por fin, las expectativas empresariales.
Los Gobiernos suelen adornarse hablando y pregonando las bondades de la internacionalización, sin prestarle, sin embargo, la suficiente atención a las enormes oportunidades reales que el mercado exterior puede presentar para nuestra maltrecha economía nacional y nuestras empresas.
El Gobierno anterior fue más lejos todavía, al debilitar los apoyos a la internacionalización (deducción fiscal por actividades exportadoras, financiación concesional, presupuesto del ICEX y cuota obligatoria de las Cámaras que aportaban anualmente 120 millones de euros al Plan de apoyo a la exportación).
Pero, sobre todo, hizo caso omiso de las numerosísimas medidas que las Organizaciones convocantes de la I Cumbre de Internacionalización propusimos desde el sector privado ante las 600 empresas asistentes. La respuesta del Gobierno fue explicar nuevamente, en el seno de dicha Cumbre, las medidas que muchos meses antes había adoptado, contraponiéndolas, de alguna forma, a las que le presentábamos, fruto de meses de trabajo y de consensos entre numerosas empresas.
En el espacio de que dispongo, solo cabe hacer unos breves apuntes muy generales, a modo de decálogo, en relación con valores y principios generales que deberían presidir una nueva manera de hacer política de internacionalización, sin entrar, salvo en alguna ocasión, en temas más técnicos.
De lo anterior, lo primero que pediría al nuevo Gobierno y Administración Comercial es que se tome la molestia de escuchar al sector privado, porque es él precisamente el receptor de sus medidas.
En segundo lugar, le pediríamos que no se quede solo en una visión «macro» por importante que sea en estos momentos, sino que descienda hasta la base con políticas microeconómicas fundamentales, como las que permiten mejorar la competitividad y la internacionalización que deben ir de la mano, y la importantísima imagen país.
En tercer lugar, que desde esta perspectiva, considere que el 98% del mercado para nuestras empresas está en el mundo, en los mercados internacionales y que apueste, en consecuencia, por la internacionalización como política de máxima prioridad.
En cuarto lugar, que, si quiere ser efectivo en la política de apoyo a la empresa en el mundo, empiece a integrar las múltiples «ventanillas» de la Administración Central cuya dispersión merma la eficacia y eficiencia de los apoyos y suponen un carrera de obstáculos para la empresa, incluidas las distintas ventanillas dentro de la propia Secretaría de Estado de Comercio.
En quinto lugar, que ponga, por fin, en pie un sistema compartido de apoyo a la internacionalización verdaderamente estatal, orientando la colaboración entre las Instituciones en torno a los grandes retos y los grandes objetivos y no basado en la mera coordinación de algunas acciones como sucede actualmente, aprovechando la alta concentración de poder político del mismo color a nivel central y autonómico.
En sexto lugar, que desarrolle un sistema de inteligencia económica para estar al día de los cambios (oportunidades y amenazas) en los principales mercados para nuestro país, ampliado adicionalmente con herramientas de inteligencia competitiva para apoyar a las empresas en su búsqueda de oportunidades de negocio.
En séptimo lugar, que reoriente su política actual para hacerla más efectiva y eficiente.
En este sentido, los apoyos deben servir a la consecución de dos objetivos: al objetivo de que la empresa crezca internacionalmente y de que por medio de ese primer objetivo aumente la exportación agregada. Estudios han revelado que en distintos programas estos dos objetivos no se cumplen simultáneamente. Actualmente, se pierde mucho impacto «agregado», por ejemplo al apoyar a microempresas sin valor añadido. La mayor efectividad debe igualmente lograrse transformando subvenciones a fondo perdido en servicios útiles y de valor añadido. La evaluación rigurosa de los programas y de las empresas debe ser un «must» en tiempos de recortes presupuestarios.
En Octavo lugar, lo que la empresa está demandando actualmente son facilidades, ante todo, para vender en el exterior ante la caída de la demanda interna y, tan importante o más aún, facilidades para poder cobrar, lo que exige posiblemente una revisión de los instrumentos financieros en su conjunto y su adaptación a las actuales circunstancias caracterizadas por la insuficiente financiación y el excesivo riesgo de impagos.
En noveno lugar, el Gobierno debe realizar un esfuerzo por aprovechar al máximo las capacidades y sinergias de todos los agentes institucionales y privados, entre ellos, las grandes empresas, Asociaciones, Cámaras y consultores de internacionalización, que es un colectivo absolutamente infrautilizado por las Instituciones, porque algunas siguen teniendo la visión de que son sus competidores. Hoy, ante el panorama que tenemos, no caben exclusiones miopes y lograr la máxima colaboración Público-Privada debería estar inscrito en los genes de los gestores públicos.
Y por último, se debe hacer todo lo posible por acabar con el actual despilfarro y mala imagen de una Administración exterior española dispersa (en Shanghái hay hasta 17 Oficinas de apoyo públicas), integrando la estructura de apoyo a la internacionalización en un modelo más racional y entendible por parte de las empresas y distribuidores extranjeros.