La desdichada expedición de Franklin en el Ártico - Moneda Única
Opinión

La desdichada expedición de Franklin en el Ártico

Opinión-Ageron

Jesús Centenera.
Ageron Internacional.


De irregularidades en los concursos de contratación

Como cada noche, la tripulación se acurrucaba asustada al escuchar el ruido producido por los quejidos de la torturada madera del casco de los barcos “HMS Endeavour” y del “HMS Terror”, aplastados por las banquisas de hielo, como si el monstruoso invierno ártico canadiense quisiera destrozar con sus mandíbulas de hielo a esos intrusos inconscientes que se habían internado en su seno buscando el mítico “Paso del noroeste”, bajo el mando del Almirante John Franklin.

Pero el ruido de esos crujidos, como el del ulular de ese maldito y eterno invierno ártico, conseguía, al menos temporalmente, que los marineros no tuvieran que escuchar el rugido primigenio del hambre que correteaba por sus entrañas, dando desgarradoras dentelladas desde el interior de sus cuerpos enfermos y derrotados. Y todo porque el propietario de la empresa adjudicataria del concurso de suministro de las provisiones, no tenía experiencia previa y no había procesado bien la carne para su correcta conservación. Ese malnacido con contactos y su corrupto socio en la adjudicación les habían condenado a una muerte atroz por hambre en medio del frío y la desolación.

En los concursos para la contratación de estudios de mercado, como en los de la consultoría en general, se dan también, a veces, casos de limitación de la libre competencia, aunque afortunadamente, no con resultados tan dramáticos.

Algunos casos son flagrantes, como el del organismo que contrata a una empresa de su país para la identificación de fabricantes de maquinaria de un sector especifico en el que nunca ha trabajado antes, o el del concurso internacional con pliegos de casi 100 páginas que exige, en medio de ese bosque de papel, que el consultor sea a la vez ingeniero agrícola y doctor en ciencias económicas, con 15 años de experiencia en un tema muy concreto y específicamente en Centroamérica. Lamentablemente nunca llegué a conocer el nombre del consultor al que le habían hecho el traje a medida. Finalmente hay algunas formas más chapuceras, como no suministrar toda la información necesaria, o más sutiles, como ajustar los parámetros de valoración.

En algunos casos se hace por corrupción, en otros por ser la empresa “local”, o por amiguismo, personal o institucional, pero también por miedo al cambio o por pura pereza intelectual, que se aprecia en el poco cuidado de los pliegos. Aunque no creo que el motivo concreto fuera importante para los hambrientos y ateridos infelices que gemían hasta la muerte en ese invierno polar, añadiendo sus tristes lamentos al coro del hielo, el viento y el hambre.

Jesús Centenera
Agerón Internacional.

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